sábado, mayo 13, 2006

Filósofo del agua


Ian Waldie

"...me descubro en la imagen atónita del agua"

(José Gorostiza, Muerte sin fin).

13-05-06: Seis de la mañana. Estamos sin agua. Seguramente hay un racionamiento desde ayer. No sabemos por qué. No leímos aviso alguno.Es un verdadero fastidio estar sin agua. Como decía Bachelard, la pena del agua es infinita.

Llegó el agua, más rápido de lo que temía y no me dio tiempo de seguir verbalizando su ausencia. Habría continuado con Bachelard, su poética y sus sueños. Habría recordado a Heráclito y el río. Habría escrito agua por todas partes. Habría hecho la profecía del agua. Habría hablado de la muerte por agua, pero también del nacimiento de los ríos, de las aguas cristalinas y de las aguas que van manando sin cesar de la montaña.

Aguas de arriba y aguas de abajo. Agua que cae y agua que brota.

Agua va y agua viene.

Espejo de agua. Espejo de Narciso.

Aguas tenebrosas y aguas puras de Juan de Yepes.

Vaso de agua de José Gorostiza.

Ojo de agua. Puerta de agua. Viento de agua. Entrada de aguas. Aguacero.

Entre dos aguas: agua de azahar y agua de rosas.

Aguamala. Aguamiel.

Aguardiente: agua bendita.

Agüitas. Agua de tamarindo. Agua de jamaica. Agua de panela. Aguada Grande. Aguaviva. Managua. Yaritagua. Piragua y Aguascalientes.

Aguas turbias. Aguas azules. Aguas negras. Aguas claras. Aguas mansas y aguas turbulentas. Aguas encrespadas. Aguas termales. Aguas estancadas.

Hermana agua de Francisco de Asís. Aguasanta.

Buenos días tortuguita,
periquito del agua,
abuelita del agua,
borrachito del agua,
payasito del agua,
filósofo del agua.

viernes, abril 28, 2006

Diseño integral


Santiago Pol

Santiago Pol está al frente de una interesante oferta académica que acaba de inciarse en San Felipe, Venezuela. Me refiero a la carrera de Diseño Integral, cuyos planteamientos básicos son expuestos de este modo por sus responsables en la UNEY:

"La ineludible beligerancia del diseño en todas las épocas, en todos los lugares y en todas las actividades humanas (¿no hablaron los griegos de la formación como el arte de dar forma a las cosas y a los hombres?), nos dispensa de argumentaciones dirigidas a justificar teóricamente su inserción actual en el elenco de nuestras carreras. Una valiosa bibliografía que citamos al final, nos sirve de apoyo, desde luego. Pero, es, básicamente, la vivencia de cada uno de nosotros, ante situaciones que demandan formas distintas de plantearse y subsanarse, la que puede y debe tomar la palabra. Ella sabrá decirnos de qué se trata. Y sus portavoces serán el artesano, el industrial, el médico, el deportista, el actor, el comerciante, el odontólogo, el cocinero, el comunicador social, el arquitecto, el editor, el artista plástico, el viajero, el caminante, las amas de casa, el pescador, el carpintero, el sastre, el historiador, el director de teatro, el director de cine, el campesino, el músico, el mecánico, el conductor, el fotógrafo, el médico, el ingeniero en informática, el bailarín, el poeta, los niños, los árboles, los animales, los parques, la ciudad y un larguísimo etcétera. Alguien ha dicho, parodiando un título de Faustino Cordón, que “diseñar hizo al hombre”. De allí el carácter obvio (y aparentemente caótico) de la anterior enumeración. En pocas palabras: la vida como diseño y el diseño como vida.

"Consciente de que las bondades de un proyecto educativo podrían frustrarse rápida e inexorablemente, si no se cuenta con las personas adecuadas para llevarlo a cabo, resolvimos comenzar por lo más arduo: la preparación de los docentes idóneos. Una preparación orientada más a la identificación y compromiso con la filosofía, principios y valores que sustentan el proyecto, que con destrezas técnicas o pedagógicas (importantes y jamás excluidas en nuestros cursos previos para docentes). Luego de una fecunda experiencia con el primer Curso para la Docencia de Diseño Integral, estamos en capacidad de recomendarlo como el mejor comienzo posible de toda propuesta formativa innovadora. Por encima de los concursos de oposición para seleccionar docentes, creemos que se encuentra esta modalidad que no suprime la primera: el curso de oposición, como podríamos denominar con propósitos comparativos y didácticos, esta modalidad de ingreso académico.

Nuestro proyecto encarna una continuidad temática y académica en la UNEY. No representa en ella un pregrado más. Menos aún, un pregrado ajeno a lo que venimos trabajando. Se trata de un espacio para la formación, surgido del diálogo entre los precedentes y, de la interpelación continua de la universidad consigo misma. Así, nuestros llamados espacios académicos de Ciencias del Deporte, Ciencia y Cultura de la Alimentación, Lengua y Tradición Cultural, Cultura del Emprendedor y Filosofía de la Práctica, concebidos todos de manera armoniosa, fueron generando este otro de Diseño Integral.

Si estamos demostrando (y demostrándonos) la viabilidad curricular y funcional de concebir los temas de la alimentación y del deporte, como una pluralidad de aristas interrelacionadas y no como parcelas de diversos especialismos, más o menos inconexos, ¿por qué no había de pensarse igual respecto del diseño? ¿por qué seguir transitando la ruta de la fragmentación en un área tan evidentemente articulable? Revisada la oferta académica existente en el país en la disciplina del diseño, cualquiera puede percatarse de que la misma no refleja la indicada evidencia, sino, todo lo contrario: las escuelas de diseño gráfico, por un lado, y las escuelas de diseño industrial, por otro, para no hablar de las diversas opciones aisladas (tantas como “especialidades” del diseño sea dable formular), configuran un patético cuadro de dispersión educativa, a despecho de la notable calidad que alguna(s) de esas alternativas ha(n) demostrado poseer. Verdad esta última, más de antano que de hogaño, todo sea dicho.

Sin pretender alterar, ni recusar, lo que ya se ha desarrollado de esa manera en la enseñanza del diseño en Venezuela, estamos proponiendo ahora un sendero distinto, que aspira retomar la olvidada tradición de los saberes compartidos, de los conocimientos básicos, teóricos, prácticos y generales, que habitan ese centro que los griegos llamaban bellamente, “el lugar común”.

Desde el lugar común del diseño, la UNEY pone en marcha este proyecto, pensado y modelado desde hace más de cuatro años".

viernes, abril 14, 2006

Briceño y Balza o la arbitrariedad de la memoria


Haidée Balza

14-04-06: Leo a Briceño Iragorry. Leo un discurso de Briceño Iragorry. Menciona a la Iron Mines of Venezuela y me acuerdo de inmediato de César Reyes y de Gisela Madrid, ambos becarios de la Orinoco Mining cuando estudiaban en la UCV y hablaban con burla y miedo, a la vez, de Mr. Burton. César era mi compañero en Derecho y Gisela mi amiga de Periodismo, a quien conocí por César. Ahora que me acuerdo: César divertía a Gisela con Mr. Burton. Tenía montado un número humorístico en el que imitaba al susodicho gringo. Gisela gozaba. Y yo reía, sin entender del todo el contexto del disfrute guayanés de mis amigos.
Con Gisela vi las tetas de Haydée Balza en el Ateneo. Haydée no estaba en el escenario sino en el pasillo. Se trataba de “La Celestina”. Esa función fue un sábado, ya no recuerdo si del 71 o del 72. Lo cierto es que hoy llegan todos a esta nota con la arbitrariedad maravillosa que posee la memoria involuntaria.

jueves, abril 13, 2006

Comprensión de Armas Alfonzo


Alfredo Armas Alfonzo. Foto de Ricardo Armas


Vuelvo a las páginas de Armas Alfonzo. Pienso que las clases de Comprensión de Venezuela podrían ser clases de Comprensión de Armas Alfonzo. En su obra está todo, o casi. Y lo más importante: está el alma del país. Comprensión del país de Armas Alfonzo podría ser el nombre de la cátedra que acabamos de comenzar en la UNEY. Y no es que Venezuela no se encuentre en muchos otros autores. Es que Armas Alfonzo era parte de lo que él mismo quería sentir y comprender. El no narró o contó desde afuera. El se contó a sí mismo. Y él era Bocauchire, el Unare, Clarines, Cumaná, Ricardo Alfonzo, Mamachía, la naiboa, una latica de mantequilla Brun, el gofio cumanés, Maremare y Zenón Marapacuto.

Vi al general Manuel Antonio Guevara tomar una noche Sabana de Uchire. La fiebre lo hacía temblar, pero así y todo, dictó el telegrama donde se le comunicaba al jefe de la Libertadora que Sabana de Uchire había caído en poder de la revolución. Era medianoche en el cuento magistral de Armas Alfonzo y yo seguía leyendo hasta dar con Guanape, después de pasar por el Tusor de Seda que le regalaron el día de su boda a Gustavo Pereira.

miércoles, abril 12, 2006

Salvador Elizondo in memoriam


Salvador Elizondo. Foto de su esposa,
nada menos que Paulina Lavista.

El pasado 29 de marzo murió el escritor mexicano Salvador Elizondo. Me enteré anoche revisando el suplemento literario de La Jornada. En agosto del año pasado yo había bajado de la biblioteca todos los libros de Elizondo que tengo. Los agrupé para leer algunos que no había leído y releer el resto. Esto último lo he hecho en varios oportunidades con Farabeuf y El Hipogeo Secreto, que me parecen novelas magistrales. Esta vez El Grafógrafo ocupó mi tiempo de relectura y me topé, por fin, con Camera Lucida, un conjunto de artículos y discursos, donde el ensayista Elizondo no deja nunca de ser el narrador Elizondo. Volví a unas páginas de Cuaderno de Escritura y a otras de Farabeuf y nuevamente me acordé de mi amigo Juan Arcadio Rodríguez, a quien esta novela le parecía excelente por su incursión en las áreas más crueles del placer. El mismo día que Juan me habló de ella proyectó en su cine-club El Jardín de los Suplicios, una película francesa basada en una obra de Mirbeau. Seguramente nuestra conversación sobre el film nos llevó al suplicio llamado Leng Tch’e o de los Cien Pedazos, descrito memorablemente en Farabeuf con una fotografía que ilustra el momento en que le es aplicado a un magnicida. Previsiblemente hablamos también de Bataille.

Pude haber visto a Elizondo en el año 81 cuando fui a México, pero no di con el lugar donde anunciaban una conferencia suya. Creo recordar que se trataba de un lugar algo siniestro. Mejor dicho, creo recordar que me imaginé que se trataba de un lugar algo siniestro, una especie de sala sombría del centro de la ciudad. Lo cierto es no fui o no pude ir. Tal vez Carmelina hizo alguna advertencia de peligro que Cuchi y yo acatamos. Lo que sí hice fue comprarme todos los libros de Elizondo que conseguí. Cuando anoche me enteré de su muerte no me fue difícil dar con ellos. Los tenía en uno de los estantes del pasillo. Ahora mismo abro El Grafógrafo, citado en alguna oportunidad en este blog o en Isla de Robinson. Lo abro y leo el texto maravillosamente metaescritural que le dedicó a un ilustre grafógrafo mexicano llamado Octavio Paz:

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

Leo rápido y me recuerdo leyendo estos versos de Octavio Paz:

El muchacho que camina por este poema,

entre San Ildefonso y el Zócalo,

es el hombre que lo escribe.

Así también, Salvador Elizondo fue el autor de El Hipogeo Secreto, una novela donde un autor llamado Salvador Elizondo intentó escribir una novela titulada El Hipogeo Secreto.

Cuenta Elena Poniatowska que del “chato” Elizondo se decía que era un genio. Seguramente lo sigue siendo y desde cualquiera de sus páginas continuará deletreando a sus lectores.

martes, marzo 28, 2006

Alejandra y el deseo de la palabra


Alejandra Pizarnik


Alejandra en mi memoria es el perdido volumen de Ocnos que conocí por Antonio Beneyto.
Alejandra está allí con sus muñecas desventradas, con sus insomnios, con sus jardines, con sus juegos verbales, con sus obsesiones.

Alejandra escribe la última carta a Ivonne Bordelois. Cierra el sobre y se sume para siempre en los cielos de la poesía.

domingo, marzo 26, 2006

27 de marzo


Discépolo

Feliz cumpleaños Juan Nuño.
Feliz cumpleaños Antonio Arráiz.
Feliz cumpleaños Enrique Santos Discépolo.
Feliz cumpleaños Begoña.

También yo apago velas el 27 de marzo y, como Begoña, seguiré encendiéndolas.

Lo dijo Machado: "Hoy es siempre todavía".

lunes, marzo 20, 2006

Desnudos en Caracas


Caracas al desnudo. Juan Vicente Gómez

Fue ayer. Marzo desnudo. "Desnudos en Caracas", hubiera dicho Fausto Masó.

El ojo de Juan Vicente Gómez lo llama "Caracas al desnudo".

Todos desnudos ayer gracias a Tunick.

jueves, marzo 09, 2006

Kiki de Montparnasse o Man Ray de Kiki


Kiki de Montparnasse. Man Ray

Fue violín de Ingres. Fue reina del Jockey (también de La Coupole). Fue la otra mitad de Man Ray. Fue la modelo de todos en el Montparnasse de los años veinte. Durante un tiempo ella sola fue Montparnasse.

Fue el escándalo mismo. Un día decidió prescindir de las pantaletas y subirse todas las noches a las mesas de los bares.

Fue exuberante y bella. Fue y es una leyenda.

domingo, marzo 05, 2006

El hilo del discurso


Mina


05-03-06:

El laberinto del discurso.

El hilo del discurso que se pierde.

El hilo del discurso es el de Ariadna, pero también es el de Borges.

El laberinto del discurso fue construido el primer día de la creación.

El laberinto tiene entrelíneas, entresuelos, entretelones.

En el laberinto me pierdo y no sé cómo seguir sin el hilo.

Estoy tal vez en el centro del laberinto, pero nunca lo sabré porque en el centro del laberinto ya no se encuentra el Minotauro.

(Teseo Joyce pasó por aquí hace algún tiempo y dio cuenta del voraz).

En el laberinto ya no nos queda, entonces, ni la ilusión de perder la vida en su difícil centro.

Continuamos en el laberinto.

El laberinto es este cuaderno. El laberinto es esta página. El laberinto es esta casa. El laberinto es esta vida.

(La foto de Mina está acá sólo porque hace un momento escuchaba su bella versión de la Balada de Otoño de Serrat)

miércoles, febrero 22, 2006

Anotación en La Habana


El malecón

12-02-06:

La Habana está hoy fría y lluviosa.

En La Habana la brisita nupcial de la metáfora es hoy un viento furioso que no se deja definir.

En La Habana hay un infante difunto que yo recuerdo frente al sitio donde estaba el solar de su novela interminable.

En La Habana vive un poeta entrañable y lúcido llamado Efraín Rodríguez Santana a quien anoche conocí gracias a mi amigo Gonzalo Ramírez (no éramos tres tristes tigres, pero en un momento los tres nos sentimos más tristes que tigres).

En La Habana un escritor español, Isaac Rosa, pasea su sencillez por el castillo donde antaño otros pasearon su arrogancia.

En La Habana está hoy Joaquín Sabina. En La Habana valen más cien Sabinas volando que un Joaquín en mano.

En La Habana Abel es un gato volador y no sólo un ministro de cultura.

En La Habana una ola inmensa sobrepasó el muro del malecón y cayó con toda su fuerza sobre el taxi que esta tarde me trasladaba al hotel (nos salvó el alma de Lezama).

En La Habana ya no está el gozador de la calle Obispo, pero su sombra sigue en las esquinas bailando El Manisero.

En La Habana vivió la Macorina (mi mirada la busca, mi corazón la busca y ella no está conmigo).

En La Habana las voces del Parque Central recrean todas las tardes la historia del béisbol. Una de esas voces, defendiendo al Duque Hernández, acaba de sentenciar: “El que es bueno es bueno aunque venga de Marte”.

En La Habana, Lezama. Definitivamente en La Habana pertenezco al curso délfico que habita en Trocadero 162.

En La Habana, como siempre, la mar violeta añora el nacimiento de los dioses.

martes, febrero 07, 2006

Octavio Paz y la desconocida


Octavio Paz

04-02-06: Los pájaros tienen su fiesta esta mañana. Todos cantan.

Ayer en mi clase de Literatura leí y comenté los textos que los alumnos escribieron a partir de El Aleph. Casi todos se referían a recuerdos personales. Me llamó la atención el hecho de que ese ejercicio hasta ahora sólo lo han hecho las mujeres. Ningún alumno ha entregado el trabajo. Al final les leí unas páginas del prólogo de Octavio Paz al tomo de sus escritos juveniles, el maravilloso prólogo titulado El llamado y el aprendizaje. La imagen de la desconocida, o mejor dicho, del acto infantil de escribirle una carta a la desconocida y dejársela en un buzón, todavía gravita en mí. Y también la otra imagen: la del escritor que aguarda por años la respuesta de la desconocida, siéndole fiel a ella y al niño que ese escritor fue alguna vez. Y por último, el azar objetivo de Breton, la conmovedora imagen del encuentro de Octavio Paz con la desconocida: el momento en que la destinataria de su carta aparece encarnada con el bellísimo nombre de Marie José.

El amor imaginario de mi infancia tenía un nombre. No le escribí nunca una carta como hizo el niño Octavio Paz. También para mí era la desconocida, pero tenía nombre: se llamaba Naya. Yo le decía “Mi naya”.

domingo, enero 15, 2006

La mejor segunda


Shelley Winters

El primer mes del año se acaba de llevar a una de las mejores segundas del cine. Tal vez ese lugar le permitió vivir 85 años sin los apremios del estrellato. Por eso pudo ser sensual y gorda y envejecer con gracia. Yo la recuerdo sobre todo como la madre de Lolita. No importa que sus kilos y sus años la colocaran en desventaja dentro de la historia de Nabokov contada por Kubrick. Su calidad actoral se encargó de hacerla inolvidable.

Desde acá envío flores a su tumba.

viernes, diciembre 16, 2005

Julián Marías y el Alción

15-12-05:

Murió hoy Julián Marías. Lo vi en El País. Tenía 91 años. Formó parte de la verdadera nobleza española: la de los intelectuales dignos. Lo conocí por su libro de historia de la filosofía, durante mi ya remoto bachillerato. Se decía que era sólo un custodio de la memoria de Ortega. No leí ninguno de sus otros libros y me quedé durante años con la injusta imagen de un Marías fiel guardián del orteguismo y nada más. Pasó el tiempo. Un día curioseando en una librería de Caracas con Gonzalito Ramírez y Alfredo Chacón, tomé en mis manos uno de los tomos de las memorias de Julián Marías. Alfredo comentó de inmediato: “Ese libro no me lo leo ni que me paguen. Qué pavoso debe ser”. Siguió pasando el tiempo. Ocho años, quizá. En una de mis frecuentes visitas a la librería mencionada (es la Ludens) me consigo con Alfredo Chacón. Conversamos amablemente, como siempre. Yo busco libros en el estante donde se encuentran los diarios y las memorias. Tomo de nuevo uno de los volúmenes de memorias de Julián Marías y le digo a Alfredo que esta vez sí voy a llevármelo, porque realmente me interesa el autor. Y Alfredo me responde: “He cambiado de opinión sobre Julián Marías. Leí un artículo de su hijo Javier y me parece que debemos ver de otra manera a su padre”. No sé si Alfredo se llevó también los tres tomos de memorias del filósofo. Lo cierto es que yo sí lo hice. Y después busqué más libros de Julián Marías. Y lo fui leyendo con creciente admiración, con acuerdos y con desacuerdos, pero siempre tratando de comprenderlo, de aprender de su visión del mundo, de indagar en su preocupación por los sentimientos, por las ilusiones, por el carácter de su pueblo. Hará unos dos o tres años sus libros acerca de España me alentaron a plantear en varios escenarios la posibilidad cierta del entendimiento en esta Venezuela dividida que vivimos hoy en día. Así, me pareció muy pertinente la reflexión de Julián Marías acerca del tema de la discordia civil, sobre la base de su experiencia personal. Fue de ese modo como surgió en él la figura del alción, que yo tomé para identificar los diálogos que promoví en la UNEY, y también para bautizar una casa que ocupamos en San Felipe, donde funcionan ahora varias unidades administrativas de la universidad. Le debo a Julián Marías ese estímulo, ese símbolo, esos momentos alciónicos. Pero fue realmente en una novela de su hijo Javier, Tu rostro mañana (Fiebre y Lanza), donde encontré la mejor descripción de la entereza moral de este hombre extraordinario que acaba de morir en Madrid. Allí está el gran homenaje a su magisterio vital. Hoy releeré esas páginas.

miércoles, diciembre 14, 2005

Arbus, Kidman


Las morochas de Diane Arbus

Las gemelas más intrigantes de la historia de la fotografía. En ellas pensó Kubrick cuando las convirtió en apariciones ominosas en El Resplandor. En ellas pienso yo cuando me acuerdo de las morochas Minh Thai, esas pequeñas hadas vietnamitas del Barrio Latino, vistas por la imaginación parisina de Luisana. Ellas siguen siendo terribles y cortadas por la misma medida, es decir, por la mirada certera que Diane Arbus siempre tuvo para lo inusual.

Diane Arbus se suicidó en1971. Nicole Kidman la está encarnando ahora. Son las morochas de Fur.

martes, diciembre 06, 2005

Aunque es de noche Rothko aunque es de noche


Rothko. Browns over Dark

"L´homme poursuit noir sur blanc"
(Mallarmé)

"Míralo. Aquí besándote, lo digo. Míralo.
En esta cueva oscura mira, mira
mi beso, mi oscuridad final que cubre en noche
definitiva
tu luminosa aurora
(...)
Desde tu ser mi claridad me llega toda
de ti, mi aurora funeral que en noche se abre.
Tú, mi nocturnidad que, luz, me ciegas"
(Vicente Aleixandre)

"Su claridad nunca es escurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche"
(San Juan de la Cruz)

Entramos a la capilla. Una vez dentro de ella, no todos consiguen la hornacina secreta. Ella se hace visible sólo a unos pocos: los elegidos por la luz negra.

Si te escuchas rezando en una extraña lengua y algo que no sabes bien se comienza a iluminar en ti, muy adentro, es que ya has traspasado el magnético mural de la claridad eterna.

domingo, diciembre 04, 2005

Negro más negro que el negro


Rothko

La capilla Rothko fue llenándose de sombras. De la suave tonalidad del marrón se pasó al negro opaco y después al negro más negro que el negro, es decir, al estado de nigredo: nigrum nigro nigrius.

El argentino Murena nos habló en un bellísimo libro (La metáfora y lo sagrado) de cómo el arte se encuentra hoy en una etapa de nigredo: "abandonado por el espíritu, casi pura materia negra, con los movimientos convulsivos de un semimuerto".

Mark Rothko fue llegando a la monocromía oscura y a la muerte. Un día se abrió las venas y vino ella y tuvo sus (r)ojos.



jueves, diciembre 01, 2005

Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005


Sergio Pitol

Ignacio Valcárcel lo llevó al centro de Barquisimeto un día de noviembre de 1994. Su destino: una librería de viejo llamada El azar inmóvil. Había mucho tráfico porque los estudiantes de la universidad estaban manifestando. El se quejaba durante el trayecto. Valcárcel sólo asentía, como es debido.
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Cuchi Morales lo agasajó en su casa de Barquisimeto una noche de noviembre de 1994. El se sentó en una mecedora y conversó gozosamente con Ednodio Quintero, Alejandro Krawietz y los anfitriones. Cuando entraba a la casa, un árbol le llamó la atención. Era un árbol raro y preguntó por él. "Es malgache" le respondió Cuchi. Al despedirse, el anfitrión le obsequió un libro del argentino César Aira.
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Arnaldo Acosta Bello se le apareció en Barquisimeto unos días antes. Él estaba llegando a la recepción del Hilton, cuando de pronto el coordinador de cultura de la Universidad le dice que debe presentarse ante un funcionario policial que despachaba en el mismo hotel. Él obedece y el funcionario le pide el pasaporte. Después de revisarlo minuciosamente, le pregunta: "¿Usted estuvo en Varsovia en el año 72? ¿Usted conoció allí a dos venezolanos subversivos?" El recién llegado responde afirmativamente a ambas preguntas, pero se inquieta. El funcionario continúa su frío interrogatorio: "¿Uno de esos venezolanos era el pintor y escritor Darío Lancini?" -"Sí", responde nuestro personaje, ya con cierto miedo. "Bien, es usted el hombre que espero", dice el funcionario, quien ya no aguantaba la risa y termina confesándose: "Yo soy el otro venezolano subversivo de Varsovia, yo soy Arnaldo Acosta Bello". Se ríen y se abrazan.

Él se llama Sergio Pitol y hace pocas horas anunciaron que se había ganado el Premio Cervantes. Me enteré por Valcárcel, su jovencísimo cicerone de Barquisimeto en noviembre de 1994.

sábado, noviembre 26, 2005

¿Me conoces?


Soy yo, por supuesto... ¿no me conoces?

"Quiero ser mujer fatal.
Quiero al vizconde rubio de los desafíos
y al mismo tiempo al abate joven de los madrigales.


Que por mí enloquezcan y digan:
`por alto esté el cielo en el mundo...`

Quiero devorarme al Tigre Garmendia ese,
que se las da de arrechito".

miércoles, noviembre 23, 2005

Memorias de una mañana en el Paseo de Gracia


La Pedrera

Siento que esa ciudad fue creciendo en mí
como una extraña posesión,
como una casa que te habita por dentro,
que te llena de voces impensables
y te deletrea calle por calle,
hasta inventarte.

Esa ciudad, tenía, ciertamente,
un encanto especial desde el primer momento.
Pero no era posible, entonces, prefigurar
toda la esplendidez de sus secretos.
La sorpresa del taxista
al toparse con Gaudí en pleno mediodía,
no pasaba de ser una broma del azar:
Alguien busca un hotel
y le dan, por error, la dirección de La Pedrera.
Esa ciudad ya preparaba sus celadas
sin que me diera cuenta.

Habría que esperar hasta el otoño,
hasta el día en que la vi aparecer,
radiante y sola,
en la puerta de una biblioteca consular,
con diecisiete años llenos de alegría y de Serrat,
para empezar a percatarme yo de alguna cosa: algo se tejía esa ciudad conmigo.