Néstor SánchezAbro en este momento el volumen de Cómico de la lengua que compré hace dos semanas en la amable librería Prometeo de Palermo. Al leer las primeras líneas recuerdo que el pasado 15 de octubre había intentado comenzar la lectura de la novela durante el vuelo Buenos Aires-Caracas. Lo recuerdo exactamente, entre otras cosas, porque cuando me topé en esa ocasión con la primera página, se me apareció, como siempre, el azar concurrente. Leí lo que ahora leo de nuevo: “…el anochecer (la caída de la tarde, el crepúsculo) del día quince de octubre…)". Y sigo la lectura de una página que remite a su propia escritura o a cómo describir la lentitud que Nacha Ortiz empleó esa tarde en desvestirse.
Nuevamente volvió por sus fueros el azar concurrente. Antes de concluir esta breve anotación quise verificar la cita de Edgar Bailey. Fui a la biblioteca y busqué su Obra Poética editada por Corregidor. La encontré –lo juro- debajo de dos libros de Néstor Sánchez: Siberia blues y Nosotros dos.
Es infinita esta riqueza abandonada.











































