sábado, mayo 03, 2008

Vuelven las morochas Minh Thai


Las morochas Minh Thai se están cayendo de la borrachera. Digo que ya no hay fuerza humana capaz de sostenerlas, pero miento. Ellas mismas poseen esa fuerza. Casi se caen, pero no se caen. Vuelven sobre sí mismas y siguen como nuevas su camino por la Rue de Buci, trastabillando. Son un milagro en la memoria parisina. Luisana les puso nombre una noche y yo no las olvido.

domingo, abril 27, 2008

Tocar la puerta no es entrar


Hoy en el parque del Este vimos tres periquitos carasucia, un carpintero y un cardenalito. Suficiente para comenzar bien el día.

Pienso que podría ensayar algún haikú para el cardenalito:

Rojo en la rama.
El día se detuvo hoy
silencioso en sus plumas
.

Pero no es fácil. Ya sé que no me salió lo que quería. Tendría que ser algo más redondo y no el inicio de una frase que se interrumpe. El haikú debe parecerse a un enigma, pero a un enigma completo, es decir, a un enigma que incluya su respuesta.

Quieto en su rama,
me sorprendió en el parque.
Silencio y fulgor.

Pensativa. Roja
en la rama seca,
la belleza tiene alas.


Nada. Que no sale ni vuela. Toco lo puerta, pero no entro. Tal vez me aproxime al tono, pero no al efecto que busco. Debería insistir, como todo poeta que se respete, pero ¿lo soy yo? y si lo fuera, ¿me respeto, acaso? Creo que lo que a veces respeto es la idea de no ser poeta de verdad. Que se me perdonen, entonces, las ocasiones en que desacato esa conciencia. Como la de hoy, por ejemplo.

sábado, abril 19, 2008

Octavio Paz murió inmortal

Foto de Paulina Lavista

Hoy se cumplen diez años de la muerte de Octavio Paz. Busco en la memoria unos versos suyos para insertarlos en un inolvidable párrafo de Borges y cometer el arbitrio de un homenaje personal que los enlace:

El río es un tiempo que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre, pero Octavio Paz es ese río encarnado de la literatura mexicana. El tiempo es un tigre que me destroza, pero Octavio Paz es ese tigre en el horóscopo chino. El tiempo es un fuego que me consume, pero Octavio Paz es ese fuego de cada día.

domingo, abril 13, 2008

Cardenalito


Hoy, como todos los días, Cuchi y yo caminamos en el parque del Este. El martes pasado tuvimos la dicha de ver a un cardenalito que posaba, quieto y misterioso, en su rama. Desde entonces, cada mañana llevo la esperanza de reencontrar su límpida belleza inesperada, el gesto sereno de su prodigio inalcanzable.

Hoy estaba, antiguo e invisible.

domingo, abril 06, 2008

Garcilaso


El poeta inicia su trabajo con un prólogo
donde se alude con fuerza a la palabra,
y al secreto de la bellísima voz a ti debida.

Es una voz –se sabe- que detiene las aguas del olvido
y que redime a un hombre que, sin dejar la espada,
la pluma tomó
para escribir endecasílabos.

Por el Tajo innumerable su palabra
me conduce a la espesura.

Y desde la cumbre donde Toledo asombra,
“de antiguos edificios adornada”,
el poeta sorprende al lector de su Egloga tercera,
en el preciso instante en que un verso
acaba de abolir su desamparo.

Lectura


Noche de lectura en mi casa de la 17. Me dejaba llevar por las palabras, sobre todo por aquellas que no entendía y que me iba diciendo a media voz. Esas palabras me iluminaban sin saber por qué. No importaba saberlo. Las leía en poemas que me siguieron gustando durante mucho tiempo. Eran poemas insomnes. Yo tomaba café y me internaba en la penumbra.

Después recuerdo un laberinto, un laberinto que leía en voz alta, ya en la mañana. Allí se hablaba de la muerte de Ariadna. Y a mí me gustaba Ariadna S, la distante Ariadna que vivía en la 18...

sábado, marzo 29, 2008

Briceño Guerrero cuenta


1. Briceño Guerrero estuvo dos días en la UNEY. Tal vez pueda decir que la UNEY también estuvo dos días en Briceño Guerrero. Lo podría afirmar porque creo que hubo conexión verdadera entre nosotros. Presenté los libros suyos que editó José Gregorio Vásquez, buen amigo nuestro (mío y de Cuchi). Briceño respondió la presentación con generosas y emotivas palabras. Y con algo más: relató el curso que siguió uno de sus primeros libros, Dóulos Oukóon. En Puerto Rico se formó una secta de lectores en la que se aseguraba que el autor de ese libro era un extraterrestre. Cuando uno de sus miembros fue a Mérida y comprobó que el autor vivía allí y era profesor de la ULA, llegó a la conclusión indeclinable de que el extraterrestre se hacía llamar José Manuel Briceño Guerrero.
La visita del maestro a la UNEY ocurrió el jueves pasado. Hoy es sábado. Todavía gravita intensamente su presencia. Creo que seguirá siendo así durante mucho tiempo. Briceño inició un curso sobre cultura e identidad en América Latina el jueves a las 4 p.m. y lo concluyó ayer, a las seis de la tarde, pero volverá pronto.

2. El jueves cumplí años. El azar concurrente me regaló ese día la presencia de Briceño Guerrero. Briceño debió venir a la UNEY hace un mes (o poco más), pero se enfermó y el médico le indicó la inconveniencia de viajar por avión. Briceño vive en Mérida. El mismo día (o el día anterior) previsto para el viaje de Briceño se produjo la más espantosa tragedia aérea de los últimos tiempos en Venezuela. Apenas despegó del aeropuerto de Mérida, un avión de la línea Santa Bárbara se estrelló contra una montaña. Briceño estaba en su casa, recuperándose de una leve dolencia. Se reprogramó entonces el curso preparado por nosotros y fue esta semana cuando vino Briceño, por tierra. Llegó a la UNEY el 27 de marzo, día de mi cumpleaños.

3. BEC fue mi compañera de estudios en cuarto y quinto año de bachillerato. Fue, realmente, mi única cómplice en el acto (inconcebible, quizá, para el año 1967) de darle el nombre de Rafael Cadenas a nuestra promoción de bachilleres. La recuerdo blanca como su nombre y con un largo y despeinado pelo negro. Mi condiscípulo Diógenes Macías llegó a llamarla, con cariñosa irreverencia barquisimetana, “La Divina Pastora”. Supe en ese tiempo que BEC provenía por su rama materna de la familia Duin Anzola. Un día estuve en su casa, en la 19 (si mi memoria no inventa) y el nombre de María Inés Duin se me grabó, sin saber exactamente de quién se trataba dentro del árbol genealógico de mi compañera. BEC y yo nos fuimos de Barquisimeto a estudiar en la UCV. Ella, Psicología. Yo, Derecho. Nos veíamos muy poco los primeros años de nuestra vida universitaria, pese a la vecindad de las Escuelas. Saludos amistosos y cada quien en lo suyo. Alguna vez dejamos de vernos y puedo decir que hasta el sol de hoy no he vuelto a encontrarme con la inteligente amiga. El jueves pasado en San Felipe, cuando íbamos hacia la posada Momentos, Briceño Guerrero mencionó a un amigo suyo de la adolescencia llamado Leopoldo Veloz. Al oír el nombre le referí que mi compañero mexicano del Comité Jurídico de la OEA me había dicho hace poco que en los cincuenta conoció a un barquisimetano exiliado, de apellido Veloz. “Podría ser Leopoldo, pero no sé…”, me respondió Briceño. Comenzó entonces a hablar de su amigo Veloz recordando que era hijo de María Inés Duin Anzola de Veloz. Al mencionar a María Inés me acordé de BEC y se lo referí a Briceño. La conozco, me dijo. ¿Cuál es el parentesco de BEC con los Duin Anzola?, le pregunté. Con su respuesta arribo al centro inefable de mi relato, a mi verdadera inepcia de diarista. Resulta que Briceño volvió a su recuerdo de Leopoldo y me contó cuanto sigue:
“Un día la hermana de Leopoldo pidió permiso en su casa para ir a ver a un mago que había llegado a Barquisimeto. El padre le dio el permiso, pero sólo si la acompañaba su hermano Leopoldo. Yo, como amigo de Leopoldo, me sumé a la compañía protectora. Fuimos hasta el lugar donde el mago atendía. Entramos. Cuando el mago leyó la mano de la hermana de Leopoldo le dijo de manera determinante que ella se iba a casar esa misma tarde. ´¿Pero si yo no tengo novio´? alegó la joven. ´Eso no importa´ afirmó el mago y de modo inmediato y tajante pasó a despejar cualquier incertidumbre: ´Es que usted dentro de unas pocas horas se va a casar conmigo´. Y así fue. Después de superar fácilmente la frágil oposición de los chaperones y la nerviosa persecución del padre de la criatura, el hábil mago consumó con éxito su rapto. Los novios se fueron de Venezuela, hicieron actos de magia en Centroamérica y tuvieron una hija”.

Cuando Briceño terminó su relato ya no hubo dudas para mí: BEC, mi compañera de bachillerato, era la hija del mago.

4. “Cuanto he tomado por victoria es sólo humo”. Como recordarán algunos, la frase anterior es un verso de Rafael Cadenas. BEC, hija de magos y nieta de María Inés Duin, usó ese verso para invitar a nuestra graduación de bachilleres en 1967.

5. Conocí a finales de los setenta a Carmen Duin Anzola en su cama de enferma. No recuerdo si le pregunté por BEC. Sólo recuerdo que Carmen, por encima de la esclerosis múltiple, era una fuerza inenarrable.

domingo, marzo 09, 2008

Cooke, qué grande sos, cuánto valés

El Pocho y el Bebe

Hace 50 años estuvieron estos dos en Caracas.
Hoy saludo a Cooke.
El que quiera entender que entienda.