miércoles, noviembre 09, 2011

Tomás Segovia me visitó esta mañana

Tomás Segovia. Foto: JB

A veces no me lo creo, pero lo que me ocurrió esta mañana parece una prueba irrefutable. No tengo más remedio que admitirlo: el azar concurrente es la forma más armoniosa y exacta de comunicación poética. Desde las seis, antes de leer a María Zambrano y de enviar algún tweet sobre la aurora, estuve tratando de conseguir libros de Tomás Segovia, porque amanecí pensando en él, en su efusiva poesía sobre la luz. Especialmente en un verso en el que  esa luz se convierte en pan de cada día. Entré a la biblioteca de Babel y nada. No se asomaba por ningún estante el bello poeta del perenne exilio. Cuando a punto estaba de desistir, mis ojos dieron con un lomo azul y blanco que de inmediato supe que era la Casa del Nómada.  Lo abrí y reconocí con dolor algo que mi memoria había borrado: ese volumen, por mi incuria, no se recuperó de la mojada que una vez sufrió, y aunque sus hojas no se pegaron, hoy es un manojo de arrugas, para incomodidad de mis dedos y mis ojos. Pero el rezongo duró apenas unos segundos porque el poeta me habló desde una de sus páginas, en prosa, y me dijo: "Ahora que va a hacerse adulto el año, hay cada día una hora en que la vida no ha empezado". Y salí feliz del laberinto (que otros llaman el universo), con la dicha en los labios, repitiéndome gozoso viejos versos de Segovia leídos hace años...
Pasaron unas dos horas y el poeta de Anagnórisis seguía rondando mi memoria. Pensé en escribir algo sobre su poema Besos, por el verso final, incandescente. Nada más. Y me fui después a un libro de María Zambrano, otra presencia tempranera de este día. Al dejarla a ella, abrí la máquina para leer la edición digital de El País. Y leí, leí el titular que anuncia que Tomás Segovia murió hace pocas horas en México. Tenía 84 años y había tomado café conmigo esta mañana, acá, en mi cuarto, donde sentí las ondas serenas de su despedida. Sé que hoy encontraré sus otros libros. Mientras tanto, va este poema, para compartir con mis amigos el asombro y las sorpresas:

BANDERA

Mi tienda siempre fuera de los muros. Mi lengua aprendida siempre en otro sitio. Mi bandera perpetuamente blanca. Mi nostalgia vasta y caprichosa. Mi amor ingenuo y mi fidelidad irónica. Mis manos graves y en ellas un incesante rumor de pensamientos. Mi porvenir sin nombre. Mi memoria deslumbrada en el amor incurable del olvido. Lastrada en el desierto mi palabra. Y siempre desnudo el rostro donde sopla el viento.

Tomás Segovia (España, 1927- México, 8/11/11)

P.D: Tomás Segovia, un poeta luminoso y hondo, habitante del reino de la imagen, murió hoy en una de sus patrias: México. Había nacido en España, en el año 1927. Le memoria de su obra literaria mantendrá su sabia y serena mirada entre nosotros.

Ayer en mi facebook publiqué la nota anterior. Entre otros comentarios, hubo estos:

FCC: Tomás Segovia, poeta siempre, para no incurrir en la grandilocuencia de llamarlo "poeta total", fue también un estupendo ensayista y traductor. Los lacanianos de América Latina y de España le deben muchas de las traducciones del gran psicoanalista francés. En el año 81 estuve a punto de conocer a Segovia, precisamente, en un coloquio sobre Lacan, en el DF. Segovia no llegó. Había viajado a España, donde nació y de la que salió a los 13 años, para convertirse para toda la vida en mexicano, sin abandonar su amor por su lugar de origen. No lo conocí, pero busqué libros suyos que no tenía entonces. Así, descubrí al gran ensayista y estudioso de temas áridos que su pluma convertía en amables. Q.E.P.D
CÉSAR SECO: Lo leí en la PLURAL que dirigió con algo más que acierto Octavio Paz, Cinco sonetos votivos, recuerdo, de un erotismo que sin eludir lo carnal cifraba una manera clarísima (como esta mañana en que lo recibiste) de estar en el mundo, sintiéndolo y haciéndolo, en cada instante y cada hora. Después el poeta Ramón Miranda me acercó a su magnífico libro Casa del Nómada.
FCC: Qué bueno, César, que recuerdes los cinco sonetos votivos que salieron en Plural. Creo que son los mismos que recogió después en Casa del Nómada. Excelentes. Cantos al cuerpo y al amor. En Figuras y Melodías publicó muchos otros sonetos de la misma índole y belleza. Y ya que hablamos de esa composición, no debe olvidarse que Tomás Segovia experimentó la iniciación en la métrica, como todo buen discípulo de la tradición literaria, como todo buen maestro. Cultivó el oficio y pudo darle rienda suelta a su amor por la palabra. Cantó, amó su ritmo y ritmó sus acciones, como aconsejó Darío, otro iniciado en el taller del verso.    



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