sábado, junio 17, 2006

Argentina tocada por la gracia




No podía fallar. El azar concurrente me permitió ver uno de los seis inolvidables goles.

Ya me había resignado a oír el juego durante mi viaje por carretera hacia Caracas. Eso hacía, sin modificar la rutina. Así, me detuve en el sitio de siempre a equipar la camioneta y a comerme una "reinapepiada".

Como era de esperarse, en la arepera había un televisor. Argentina ganaba 1 a cero. Me comí la "reina". Me tomé el café. Y estaba conforme porque había visto a Argentina dominando por completo el partido. Cuando iba a salir, le dije a Angel: "Espérate, este avance me parece interesante". Y fue ahí cuando el azar concurrente justificó su acción. No vi cualquiera de los seis memorables goles. Vi el más. Vi el plus. Vi el regalo. Vi los 26 toques. Vi a Román. Vi a Sorín. Y vi de nuevo a Sorín y vi de nuevo a Román. Y vi a Saviola y vi Cambiasso. Y vi a Crespo y nuevamente a Cambiasso. Vi el taco y vi el gol. Vi la perfección. Y grité.

Y ahora ando, como toda Argentina, tocado por la gracia.

4 comentarios:

Henry S. dijo...

Maravilloso gol

claudia dijo...

Sólo te faltó el relato de Victor Hugo, qué maestro!!

El Báquiro dijo...

De allí en adelante, el sabor de la reina pepiada estuvo indeleblemente asociado a aquel gol, a la jugada, a la magia de los diestros gauchos.
Proust estaría de acuerdo.

Guy Monod dijo...

Sólo un centrodelantero gourmet puede ver la oportunidad detrás de una reina pepiada.

Eso es olfato. Olfato de gol.

Julio Salinas y Perucho Rincón deben estar orgullosos de su émulo. En la selección neonachista, usted debería ser el 9.