domingo, noviembre 20, 2005
Anotación del 20 de noviembre
Hay quienes todos los días rozan la belleza en unas líneas. Sé que a muy pocos les ha correspondido disfrutar de esa elevada gracia. La mayoría jamás logra aproximarse, y si lo hace, sólo será una vez por la cuaresma. Y es bastante.
miércoles, noviembre 16, 2005
Por la melancolía, por el recuerdo
domingo, noviembre 13, 2005
Rothko: la noche de la melancolía

Mark Rothko
Giorgio Agamben, un autor que frecuento con gusto desde hace algunos años y que he procurado difundir sin mucho éxito en mi entorno (reconozco que a veces me pongo “ladilla”), escribió un valioso ensayo sobre la melancolía. Ese ensayo está incluido en su obra Estancias y empieza como si fuese una novela de Umberto Eco: “Durante toda la Edad Media, un azote peor que la peste que infecta los castillos, las villas y los palacios de la ciudad del mundo se abate sobre las moradas de la vida espiritual, penetra en las celdas y en los claustros de los monasterios, en las tebaidas de los eremitas, en las trapas de los reclusos”.
Es la melancolía, “el más letal de los vicios, el único para el cual no hay perdón posible”, como dice Agamben cuando concluye el primer párrafo de su libro cautivante. Creo que su ensayo logra ubicar el tema en nuestro tiempo porque todavía Saturno está devorando a sus hijos.
La melancolía, raíz de tantos males, llega silenciosa y como “la resaca de todo lo sufrido” se te empoza en el alma y hace estragos en los poetas y en los enamorados. Es antiquísima. Aristóteles se ocupó de ella y también toda la patrística, hasta llegar al ya clásico estudio de Panofsky y Saxl. Recibió el nombre de “bilis negra”, por vía etimológica y fue ominosamente mentada como “acedia”, “tristitia” o “taedium vitae”.
Bajo el signo ascendente de Saturno, señor de los anillos, el sol negro de la melancolía nos arropa muchas veces. Para conjurarlo, debemos leer a Nerval y (homeopáticamente) a Vallejo, quien, por cierto, nació “un día que Dios estuvo enfermo, grave”.
También podemos leer los poemas desolados de Silvia Plath, de Alejandra Pizarnik y de Hart Crane. Y muchísimas páginas de Virginia Woolf, por nombrar sólo autores que ahora recuerdo.
¿Quién salva a Dios de su melancolía?
Creo que lo salva Rothko, quien tiene en su haber la más oscura noche de la melancolía.
sábado, noviembre 12, 2005
Archie Moore eterno

Moore
"esa perfecta máquina de hacer box que era Archie Moore"
(Ricardo Piglia)
Yo era feliz viendo el boxeo de los sábados,
solo, en el ring side de mi casa.
Ante la cabalgata deportiva gillette
pasaba horas y se me enfriaba la cena.
No había fuerza humana ni divina
que despegara mis ojos del televisor.
Siempre esperaba que apareciera Archie Moore,
el más legendario de mis boxeadores.
Batallaba, resistía, se iba aturdido
e intacto retornaba de improviso.
Nadie lo ha igualado en persistencia.
Acá está, imborrable, vigoroso, eterno.
Edouard Manet

Manet
El día se despliega lentamente.
Es el tiempo de la luz
para todos los rincones de la casa.
Andan como locos los pintores.
Hopper se trajo el mar,
pero es el sol el que fascina.
En la pantalla de mi monitor
está folgando Edouard Manet.
La displicente desnudez
de una mujer sobre la hierba
viste la mañana.
martes, noviembre 08, 2005
¿Noviembre francés?

Mabillon
¿Arde París?
Parece que, efectivamente, arde París. Y no es para extrañarse.
Tanta segregación, tanto racismo (y tanto Sarkozy, ese Aznar francés impresentable), terminan cosechando tempestades.
Tiene historia París en esto de las revueltas pequeñas que se tornan de pronto indetenibles deslaves históricos.
Ojalá no arda París, pero, por favor, que la derecha se rinda algún día. Ya basta.
P.D: "Escoria, chusma, monos". Palabras de Sarkó. Se usan desde hace años. Los Sarkós de la época las emplearon contra los comuneros. Los Sarkós que conocemos nosotros en Venezuela las utilizan todavía.
domingo, noviembre 06, 2005
Diferencias sobre la biblioteca (que no es biblioteca)

La Biblioteca (que otros llaman el universo)
1. Seis de la mañana. Persiste en mí la imagen del vencejo en el poema de Joaquín Marta Sosa que leí anoche: el pájaro roza los árboles, se llena de agua y no se posa nunca.
Recuerdo vencejos en Antonio Machado, en Gimferrer, en Westphalen. Y en Serrat. Si mi biblioteca me lo permitiera buscaría en este momento el poema de Westphalen, pero no. No tengo biblioteca. Tengo “instalaciones de Piranesi” diseñadas por Carlos Zerpa para ilustrar el caos.
2. Miré los muros de libros de la biblioteca mía y desistí de buscar ese volumen de Pavese que tanto quería releer.
3. Arreglos en la biblioteca. Búsqueda infructuosa. Ahora que la biblioteca está más o menos ordenada me percato de que me faltan algunos libros. Bueno. Debo buscar un poco más, para poder darlos por desaparecidos. Con el desorden anterior no era posible apreciar si algún volumen se había esfumado. Una vez Calvino y sus propuestas para el nuevo milenio se me hicieron invisibles como las ciudades del mismo autor. Aparecieron un día, sin que las estuviera buscando. Eso espero que me ocurra ahora con Isaac Deustcher y sus libros sobre Trotski, con un volumen de poemas de José Kozer y con las memorias de Joan Perucho.
Minutos después de escrita la anterior anotación conseguí en la parte de atrás de un estante olvidado los libros de Deustcher. Van apareciendo los libros invisibles. Es cuestión de ir llamándolos con calma, en voz baja, con fe.
lunes, octubre 31, 2005
Melancolía

Ron Mueck
La exposición está en el Grand Palais de París y es, probablemente, la apoteosis universal de la melancolía, “bilis negra”, que le decían lo antiguos. Yo eché de menos una obra que no podía faltar, pero faltaba. Tengo la esperanza de verla algún día en El Tigre (por favor, no tomen este post como notitia criminis).
La impresionante exposición la cierra una escultura del australiano Ron Mueck, sol negro de la melancolía..
Que Saturno, el señor de los anillos, nos proteja.
sábado, octubre 29, 2005
Trieste, solitario y final

Claudio Magris
29-10-05:
Pienso en Trieste. Quisiera ir a Trieste algún día.
Mi amigo Santiago Pol está ahora en Trieste. Lo envidio.
Con Miguel Barnet hablé de Trieste en París. También Miguel se encuentra en Trieste.
(“Hablar de Trieste en París”: título para un triste consuelo por no haber estado nunca en Trieste).
Confluencias en Trieste: Rilke, Svevo, Joyce, Saba, Valery Larbaud, Paul Morand, Mandiargues, Benjamin, Crowley, Man Ray, Egon Schiele, tantos otros.
Tras Trieste trovo tres trenos.
Para la tristeza, Trieste, solitario y final.
Trieste, centro del límite, lugar de todas las direcciones.
Claudio Magris tiene su alma en Trieste.
Claudio Magris padece de Trieste crónica.
Trieste habita toda la amable obra de Claudio Magris, príncipe de Trieste.
¿Podré escribir los versos más triestinos esta noche?
jueves, octubre 27, 2005
Coleccionista
miércoles, octubre 26, 2005
La joven del violín
lunes, octubre 24, 2005
La marquesa calzada de Ferragamo

Ferragamo
"La marquesa salió a las cinco. La marquesa salió a las cinco calzada de Ferragamo. La marquesa salió a las cinco calzada de Ferragamo y se veía fascinante. La marquesa salió a las cinco calzada de Ferragamo y se veía fascinante, imponente. En sus ojos brillaba la displicencia.
Los zapatos de Ferragamo hicieron de la marquesa una diosa que todos admiraban. Nadie sabía que la marquesa tenía una cita con el ortopedista a las cinco y media.
La marquesa llegó a la plaza a las cinco y dos minutos.
Me enamoré de la marquesa esa tarde".
(E. A. Machado, Teoría de la novela neonachista, p. 14)
domingo, octubre 23, 2005
Otoño en París

Willy Ronis
El bello otoño de París, ese otoño que cantó Prevert inolvidablemente, está admirando ahora la vigorosa lozanía de un fotógrafo longevo (como muchos de los grandes fotógrafos), cuya obra se expone desde la semana pasada en el Hotel de Ville.
La ciudad se reconoce en esas fotos. La ciudad se renueva en esas fotos. La ciudad se hace ciudad en esas fotos. En ellas está toda la gente de la calle, las hojas muertas y las muchachas en flor. Está, en fin, el paisaje humano de esa obra maestra que es París.
El pequeño parisino va ahora en patineta por la calle.
martes, octubre 04, 2005
En lo de siempre
sábado, octubre 01, 2005
Gould de nuevo

Glenn Gould y Nicky
Hará poco más de ocho meses en Isla de Robinson apareció esta foto, bajo el título Concierto de perro para piano y tos. http://isladerobinson.blogspot.com/2005/01/concierto-de-perro-para-piano-y-tos.html
El autor no había leído aún El Rastro de Margo Glantz, ni Contrapunto, de Don DeLillo. Ya lo hizo y, por eso, efusivo, se atreve a recomendar esos dos libros estupendos.
En Contrapunto encontrarán una imagen inolvidable de Thelonious Monk: el pianista sale de un concierto a dirigir el tráfico.
En El Rastro es Glenn Gould y sus Variaciones Goldberg, que también nos conmueven en Contrapunto. Otra imagen indeleble: Gould tose y tararea durante su incomparable ejecución.
Y una imagen que me hago para la adustez de la ortodoxia: Nicky, como era previsible, ladra.
miércoles, septiembre 28, 2005
El Rastro

28-09-05: Me gustaría que este amanecer ocurriera en la playa y que estuviera sonando el aria de las bachianas brasileiras Nro. 5 de Villalobos. Me gustaría que el sol tardase bastante en salir o que se detuviese gozozo en un punto de su aparición y que se pusiera a escuchar conmigo la música más lenta, el sonido de ocho cellos alargados, amables, íntimos. O de dos sonatas sublimes para cello, piano y rubia.
Ahora tomo un libro y leo:
“Estoy en Buenos Aires, acabo de llegar, soy Nora García: me han invitado a escuchar en el Teatro Colón un concierto de Daniel Barenboim. Cuando sale el pianista, la gente se pone de pie y aplaude con entusiasmo, largamente. Barenboim no es muy alto, es rubio (¿o muy canoso?, unos cuantos cabellos embarrados en el cráneo); desciende con cuidado, pero con agilidad, un pequeño estrado pintado de rojo (escalón que subraya y a la vez revela la belleza dilapidada de la madera que recubre el escenario), viste un traje negro (es casi, sin llegar a serlo, un smoking), saluda con cordialidad y cierto asombro; cuando se recuerdan algunas de las fotos de sus discos se percibe que ha adelgazado y envejecido, hay una foto especial que me conmueve, en ella Daniel aparece feliz, recién casado con Jacqueline du Pré, su cabellera es voluminosa y oscura, rizada...”.
Sé que seguiré leyendo hoy a Margo Glantz y sus melómanas páginas de El Rastro. Sé que el día está comenzando bien.
martes, septiembre 27, 2005
Onetti y los paisajes invisibles

Onetti
27-09-05:
La mañana. Las primeras líneas. El café. El agua. El poema por leer y el poema por escribir. Las cosas que se despiertan. La luz que se atrasa un poco. El paisaje invisible. El tiempo.
El Turco Najul hablará el próximo sábado de Literatura y Medicina en la clínica Razetti. Fue invitado por Vicente Guerrero para participar en un foro junto con Raúl Díaz Castañeda y Orlando Pichardo. Piensa el Turco leer unas páginas en las que Groucho Marx relata una visita al médico. Me pareció estupenda esa escogencia. Será, incluso, una grouchada inesperada en el ambiente.
Le sugerí al Turco que revisara también otros materiales para que los llevara debajo de la manga, por si acaso. Así, le mencioné que el médico como personaje destacado de algunas obras literarias no me parecía mal tema. Le referí, entonces, a Díaz Grey, un médico de Onetti, borracho y desolado, que en sus momentos de distracción hacía de hombre de ciencia y ejercía su profesión. No olvidaré nunca el final de uno de los primeros capítulos de Juntacadáveres, donde Díaz Grey recuerda “paisajes invisibles” ni tampoco su consultorio en La vida breve, desde donde contempla la llegada del río y las calles sinuosas de la ciudad fundada por Brausen.
Ahora que lo pienso, me digo que debe haber un largo estudio académico sobre este gran médico de la narrativa latinoamericana, así como diversas tesis y tesinas en universidades de Norteamérica sobre su imaginario existencial. Adivino títulos: “El arquetipo hipocrático en la obra de Juan Carlos Onetti”, “Díaz Grey o la soledad profunda del médico”, “La semiótica de la medicina y de la literatura en una alianza onettiana”, “Poesía y medicina en la Santa María de Onetti”, “Díaz Grey, mitología de un médico novelista escéptico y humano”, “El médico de Santa María y el suicidio”, “Díaz Grey y la etiología de la soledad”, etc.
El Turco pareció interesado en el doctor Díaz Grey y en su ficción melancólica dentro de la ficción onettiana. Ahora copio el fragmento que recordé ayer y paso a contemplar mi propio paisaje invisible:
"Friolento y saltando en el asiento trasero del coche, Díaz Grey olvidó la jornada mientras recordaba sensaciones de otros paisajes invisibles, de otras travesías nocturnas en inviernos lluviosos, de rostros y ademanes, de soledades, de repentinas y cortas creencias. Desde hacía muchos años su memoria era impersonal; evocaba seres y circunstancias, significados transparentes para su intuición, antiguos errores y premoniciones, con el puro placer de entregarse a sueños elegidos por absurdos"
(Juan Carlos Onetti, Juntacadáveres)
sábado, septiembre 17, 2005
Los tigres beben sueño...

Los tigres beben sueño en esos ojos
(Octavio Paz, Piedra de sol)
Copio un poema del nicaragüense José Coronel Urtecho, para seguir con la "tigritud" del neonachismo:
"EL TIGRE ESTÁ EN LA NIÑA
(`Tiger! Tiger! burning bright
In the forest of the night`
William Blake)
El tigre está en los ojos,
Preso entre curvas mansas, perezosas,
Despertando del lodo como vegetaciones
Entre panales y gorgeos al borde de la cama.
El grifo abierto, el rumor, el vapor de la bañera,
El zumo de naranja, las tostadas,
Todo lo que se apunta con la lengua del lápiz,
El gesto de la mano que suelta una paloma,
Los pechos como nidos ocultos en las ramas
Y una serpiente dulce como un canto
Entre viejas consolas y entre jaulas de flores.
Buenos días, muchacha hace tiempo olvidada,
No despiertes del todo en la visita,
Sigue tus infalibles líneas ecuatoriales,
Siempre dormida, virginal, obscena.
¿Conoces tú a la dama de la mano en el pecho?
El tigre está en la niña del ojo de la mujer."
(José Coronel Urtecho)
miércoles, septiembre 14, 2005
Cocineros en Medellín
sábado, septiembre 10, 2005
Monod actúa
En un primer plano debe aparecer Guy Monod. Ha de estar concentrado en lo que escucha. Escuchará a Glenn Gould en las Variaciones Goldberg. Mientras el plano se va abriendo, aumentará el volumen de la música. Descubriremos que Monod también está leyendo. Vemos la tapa del libro y leemos: "Contrapunto, Don DeLillo". Algo en el ambiente nos dice que Monod está actuando para la primera escena del neonachismo buñueliano.
El montaje en paralelo permitirá saber que al mismo tiempo Tigre Garmendia apresura el difícil paso en la calle Bucareli. Lleva un libro en la mano. Apenas podremos apreciar una M en su portada...
El director (o el escritor) grita "Corten" y llega, por ahora, hasta aquí.
El montaje en paralelo permitirá saber que al mismo tiempo Tigre Garmendia apresura el difícil paso en la calle Bucareli. Lleva un libro en la mano. Apenas podremos apreciar una M en su portada...
El director (o el escritor) grita "Corten" y llega, por ahora, hasta aquí.
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