jueves, julio 16, 2009

Una conferencia disminuida

En la Sala I


1. Tiene razón Rigoberto Lanz cuando dice que la Conferencia de París confirmó una paradoja académica: mientras más hablamos de transformación, menos nos transformamos. Es casi ineludible aceptar una vez más que no hay ámbito más conservador que el conformado por las universidades. Pienso, sin embargo, que al final de esta segunda Conferencia Mundial de la Educación Superior se pudo recuperar algún asomo de optimismo por la firmeza con la que algunas delegaciones de América Latina y el Caribe enfrentaron el pacto europeo y defendieron los acuerdos de la CRES. Expliquemos: del Comité de Redacción había salido una declaración en la que se hablaba de educación superior como “servicio público”. La voz unánime de los latinoamericanos logró que ese “habilidoso” enunciado privatizador fuese sustituido por la expresión “bien público”. Nuestra delegación, con la viceministra Tibisay Hung al frente, redactó un breve texto que circuló entre los países del Grupo Latinoamericano y del Caribe (Grulac) para que sirviese de orientación argumental en el debate que iba a darse en la última de las sesiones, la decisiva. El planteamiento difundido indicaba que hoy en día el derecho a la educación superior se encuentra amenazado por una fuerte tendencia hacia la mercantilización y que mal podría la UNESCO hacer caso omiso de esa realidad. Como instancia multilateral de la educación en el mundo está obligada a activar mecanismos que frenen cualquier acción que vulnere ese derecho. Agregaba la propuesta venezolana que una manera de abrirle cauce a la protección efectiva de la educación superior es su declaratoria como “bien público” y que limitarse a expresar que se trata de un “servicio público” es amputarle su carácter incluyente y universal, puesto que los servicios suelen beneficiar a quienes los pagan o a quienes contribuyen con su prestación. Los bienes públicos, en cambio, son de todos y apuntan inequívocamente hacia un derecho. Se recordó, además, de consuno con Brasil, Uruguay, Cuba y otros países, que ya la UNESCO en un documento de noviembre del 2008, había sostenido que la educación es un “bien público dirigido al disfrute de todos” y que de no ratificarse ese criterio en la II Conferencia Mundial de Educación Superior, la organización estaría apartándose inopinadamente de su propia doctrina, lo que sería algo peor que una ostensible incongruencia. Sería una inmensa falta de seriedad. Todos los países latinoamericanos cerraron filas en esa misma línea y lograron que al final de la sesión se declarara que la Educación Superior es un bien público y no un “servicio público”. De alguna manera podemos afirmar que los tozudos rezagos del neoliberalismo educativo fueron derrotados en ese momento por la perseverancia y coherencia de América Latina y el Caribe. Pero no nos hagamos ilusiones. Lo obtenido es muy poco. Mucho más avanzada que esta segunda Conferencia fue la primera y aún estamos como estamos.


2. Afirma Rigoberto Lanz, refiriéndose también a la Conferencia realizada la semana pasada, que “la magnitud de los esfuerzos y recursos puestos en escena contrastan con los discretos resultados”. Concuerdo con él, pero pienso que es necesario añadir que en esta ocasión los recursos fueron menores y que ello obedece tal vez a una sólida tendencia a disminuir el apoyo financiero para los programas multilaterales de educación superior. Al parecer, ya fue anunciado un recorte presupuestario del diez por ciento para el IESALC, así como la posibilidad de cerrar sus oficinas en Caracas. Todo ello podría formar parte de una reedición de las tesis del Banco Mundial, pero esta vez con el discurso tramposo y superficial de Bolonia, que tanta resistencia ha provocado en numerosos jóvenes europeos. No así en los estudiantes de utilería que fueron presentados en una sesión de la Conferencia para decir lindezas como la siguiente: “Estoy estudiando en la universidad porque quiero ser como Bill Gates”. Oído lo cual, con más dolor que asombro, confirmé que el gobierno de los Estados Unidos “de verdad verdad” retornó a la UNESCO.


3. A contracorriente de esa visión lamentable, Lorgio Vaca, Encargado de Negocios de la Delegación Permanente de Bolivia en la UNESCO, hizo una breve y sustanciosa intervención, probablemente la mejor de la Conferencia. Nos dijo el gran artista boliviano que la educación “superior” debe comenzar en la primaria. Recordó cómo en las culturas indígenas de su tierra no existe esa jerarquía positivista de la que tanto hacemos gala nosotros (superior/inferior) y abogó por una mayor presencia del arte en nuestros procesos educativos. Seguramente sus palabras seguirán siendo juzgadas bajo el prisma de la banalización de siempre: “bonitas”, “¡qué simpático el artista!”, pero nada más. Nada que comporte una conexión genuina con la sabiduría que esas frases contienen. Y es que el mundo académico es cerril y engreído y ostenta una inepcia clamorosa para el diálogo con saberes que no sean los suyos. Nos creímos el viejo cuento de lo “superior” y no hemos hecho otra cosa que reforzarlo con modelos académicos corporativos y soberbios. De allí que siempre estemos “transformándonos” de la boca para afuera y solazándonos en la molicie de las arrogancias epistémicas.

lunes, julio 06, 2009

Diario de una Conferencia

Tibisay Hung

Domingo 05-07-09: Llegamos ayer en la mañana, después de un viaje que se inició con una larga espera en Maiquetía y que siguió casi sin turbulencia alguna hasta el aeropuerto Charles de Gaulle. En el cálido domingo parisino apenas tuvimos tiempo de instalarnos en el hotel donde nos había reservado la embajada venezolana (a muy pocas cuadras de la UNESCO) y de almorzar en el amable bistró de enfrente. Nada de descanso, ni de lamentos por la maleta del compañero Luis Peñalver Bermúdez, dejada en Venezuela por Air France y que han prometido traer mañana. Nos esperaba de inmediato la jornada de acreditación en la II Conferencia Mundial de Educación Superior y la sesión inaugural de la misma. Allí, todo en orden, y en orden cartesiano, de paso, incluidos los discursos convencionales, muy de ese tonito “Unión Europea” que se ha impuesto en materia de educación superior por estas tierras. Salvo la intervención de una representante estudiantil francesa, que reivindicó el carácter de bien público de la enseñanza universitaria, el resto fue la monótona retórica del desarrollismo educativo, tal como lo podíamos prever por la lectura que hicimos del proyecto de Declaración Final que circula desde hace algunos días. La gran batalla de la Conferencia se dará, precisamente, en el Comité de Redacción de ese documento. Por fortuna, los venezolanos estaremos allí presentes, con la viceministra Tibisay Hung, a la cabeza, para proclamar valores y responsabilidad social.

Lunes: 06-07-09: Cielo azul, pero sólo para contemplarlo unos segundos. Hoy el trabajo ha sido intenso. Larga sesión mañanera para presentar los temas de las mesas paralelas. Por la tarde y hasta hace pocos minutos, acompañé a la viceministra Hung en la primera reunión del Comité encargado de redactar la Declaración Final. Nos topamos con lo que da la impresión de ser un acuerdo previo de Europa-USA, para no dejar que se introduzcan modificaciones al papel elaborado por ellos. Dada la mecánica de trabajo escogida, todo parece apuntar que no será fácil hacer valer nuestra propuesta latinoamericana (la del texto de Cartagena de Indias) donde sostenemos que la educación superior es un bien público, social y específico y no una actividad mercantil. Tampoco un espacio corporativo y anacrónico y menos aún, gremial y leguleyo. Allí abogamos por una educación no limitada a conceptos asépticos como el de la calidad, sino por una educación superior pertinente, comprometida con el pueblo. Los poderes fácticos, junto a cierto poder que impera en la UNESCO, pretendieron hoy que en nuestra mesa sólo se hablara inglés. El representante del Congo, que lo habla, amenazó con retirarse si no le permitían usar el francés. Al final, admitieron su uso. ¡Y pensar que la UNESCO celebró el año pasado el año del multilingüismo! Pese a los tropiezos, el equipo venezolano que, también lo conforma Rigoberto Lanz, seguirá batallando, junto a Brasil y Jamaica en el Comité de Redacción y junto a todos los demás países latinoamericanos en las otras mesas de una Conferencia donde se confrontan dos visiones del tema académico: la del mercado y la de los valores humanísticos.

Escribo casi como un corresponsal y no como un diarista. El tiempo apremia. Debo salir a otra reunión de trabajo. Dos de mis compañeros de delegación visitan París por vez primera, pero hasta ahora es como si estuvieran en Caracas o en Cumanacoa. Miento, se sienten felices por el entrecot con papas fritas que se comieron ayer y por la tarte tatin que probaron esta tarde. Y claro, por el sol de verano que se prolonga casi hasta las diez de la noche en una ciudad de luces que nunca se apagan.

miércoles, julio 01, 2009

Onetti centenario

Onetti nació el 1 de julio de 1909. Hoy cumple cien años

1. Desde 1968 mi memoria conserva la contratapa de un libro comprado a Alfredo Moreno en algún pasillo de la Universidad Central de Venezuela. El libro lo perdí casi de inmediato, dejándome un vacío que nunca termina de llenar la tenaz reaparición de unas palabras que hallé para siempre en su contraportada. Tal vez escritas por Angel Rama (editor del volumen), esas palabras resumían el libro, es decir, resumían –siguen resumiendo para mí- a Onetti. No las olvido: “Una mujer y un chivo en la estación Constitución, un médico novelista escéptico y humano, la arisca historia de una piedad viril, con los personajes de Juntacadáveres, Onetti recrea la vida ardiente y desolada de los jóvenes”. El libro perdido y jamás reencontrado, se llama, creo, Para una tumba sin nombre.

2. Onetti nos llegó con el llamado “boom latinoamericano”. No representaba, en rigor, a esa promoción de narradores ni venía con ellos en la cresta de la ola. Cuando ésta desapareció quedaron en la orilla algunos tesoros, nombres que habían permanecido inadvertidos durante muchos años y que dejaban, por fin, de pertenecer a un selecto y reducido grupo de iniciados.

3. Desde 1939 Onetti era una seña de identidad secreta para quienes ya habían explorado territorios narrativos diferentes al realismo galleguiano. Su primera novela, El Pozo, de la cual se publicaron quinientos ejemplares, con un dudoso dibujo de Picasso en la portada, sólo fue leída por unos seis o siete seres extraños de Montevideo. Sin embargo, eso fue suficiente para que se diera comienzo a la secta onettiana de la parte oriental del Río de la Plata. Esta secta tardará en llegar a Buenos Aires, donde Onetti discurrirá casi invisible durante dos décadas, trabajando en agencias publicitarias y escribiendo y publicando libros que no serán leídos sino muchos años después. Entre tanto, Ciro Alegría ganaba con El mundo es ancho y ajeno un concurso donde Onetti seguramente era la voz narrativa lúcida y discordante, pero incomprendida y, por su parte, Bernardo Verbitsky, con una novela tal vez prescindible y ahora olvidada, le arrebataba a Tierra de nadie, el primer premio de la editorial Losada. En fin, desencuentros habituales de la literatura, de los cuales Onetti pudo exhibir varias experiencias.

4. ¿Las páginas fundacionales terminan por imponerse? Vargas Llosa, con La casa verde, le gana a Onetti y su Juntacadáveres, en 1967, el premio de novela “Rómulo Gallegos” (otro desencuentro, esta vez, quizá, por llegar un poquito tarde).

5. Pero fue, precisamente, Mario Vargas Llosa uno de los primeros en apuntar el carácter fundacional de la obra narrativa de Onetti. Sobre El Pozo escribió lo siguiente: “Es la primera novela de un escritor hispanoamericano que crea un mundo riguroso y coherente, que importa por sí mismo y no por el material informativo que contiene, asequible a lectores de cualquier lugar y de cualquier lengua, porque los asuntos que expresa han adquirido, en virtud de un lenguaje y una técnica funcionales, una dimensión universal. No se trata de un mundo artificial, pero sus raíces son humanas antes que americanas, y consiste como toda creación novelesca durable, en una objetivación de una subjetividad”.

6. Onetti descendió al infierno tan temido. Toda su obra es una alusión a esa temporada en el infierno. Dos relatos memorables: El infierno tan temido y La novia robada. Una obra maestra: La vida breve. Suficiente para acompañar al hombre en su desgracia. Chapeau.

7. Juan Carlos Onetti fundó a Brausen que fundó a Santa María que fundó a Díaz Grey que fundó a Juan Carlos Onetti.

8. Todo Onetti puede ser leído como una vindicación del acto creador. Brausen salvándose por la literatura. Onetti mismo reviviendo en su cama de enfermo crónico, todos los días y todas las noches, para poder dejarnos un último regalo: Cuando ya no importe. La misteriosa entrega al acto de escribir y de inventar otro mundo, como modo ineludible de sobrevivencia. Onetti: una poética de la enfermedad que sólo admite al arte como cura.

9. Viajo a Santa María. Llevo La vida breve conmigo. Al pararme frente a la estatua de Brausen, de Dios-Brausen, ese héroe del existencialismo onettiano, abro el libro y busco la página 36 para rezar cuanto sigue: “Pero si yo no luchaba contra aquella tristeza repentinamente perfecta; si lograba abandonarme a ella y mantener sin fatiga la conciencia de estar triste; si podía, cada mañana, reconocerla y hacer que saltara hacia mí, desde una ropa caída en el suelo, desde la voz quejosa de Gertrudis; si amaba y merecía diariamente mi tristeza, con deseo, con hambre, rellenándome con ella los ojos y cada vocal que pronunciara, entonces, estaba seguro, quedaría a salvo de la rebeldía y la desesperación”.

10. Onetti murió en Madrid, en 1994. Estado o enfermedad causante directo de la muerte: Brausen, Santa María, todos ustedes, yo mismo. Hoy cumple cien años. Y no los aparenta.

domingo, mayo 24, 2009

Anotación del otro, del mismo

Plaza Rodríguez Peña, Buenos Aires

29-11-08: No he mirado la fecha de la entrada anterior para no comenzar ésta haciendo el cómputo del largo silencio. Han pasado y me han pasado muchas cosas. He visto a Olivia dos veces en Buenos Aires (ya van tres este año). (…) He dado no sé cuántas conferencias y escrito no sé cuántos artículos. Sigo leyendo y estudiando. Oigo como siempre pájaros en la mañana y voy a San Felipe todos los días. Leo a los cronistas y hago crónicas. Persisto en Borges y no se me quita la manía de creer que La muerte y la brújula es el mejor cuento policial de la literatura, considerados todos los tiempos y todas las lenguas. Vi y oí a Susana Rinaldi en la plaza Rodríguez Peña un domingo lleno de imágenes, de Duchamp, del Riachuelo, de tangos, de Olivia. He recibido en la UNEY a Briceño Guerrero y he leído un libro genial de Humberto Mata llamado Pie de página. He pensado que podría vivir en Salta o en Aragua de Maturín o mudarme de una vez a Buenos Aires. Visité Jujuy donde tuve el honor de acompañar a Miguel Rojas Mix y de comer interminablemente humitas en un restaurante llamado “Mano jujeña”. He vuelto a leer a Octavio Paz y he comprobado que su poesía sería perfecta, si no fuese por su luz que lo deja a uno ciego. En fin, sigo haciendo lo de siempre, pero no soy el mismo.

Mnemosine

Mnemosine. Dante Gabriel Rosetti


La memoria y el azar. Ambos poseen hilos secretos que se cruzan en su lugar predilecto: el laberinto.

La memoria tiene pasadizos ocultos. La memoria no se pierde. Tú te pierdes en ella. Perder la memoria, en realidad, es perderse en la memoria. Es perder su hilo.

La memoria también es un bosque. Sus árboles a veces no te dejan verla, Procura alcanzar un claro en su interior y lee desde allí a María Zambrano, como quien celebra un ritual arcaico.

La memoria tiene vida propia. Tú no la tienes. Ella te tiene a ti.

La memoria tiene más futuro que pasado, aunque contenga todos los pasados.

La memoria puede ser silenciosa e invisible, pero está ahí, acechándote.

Cuando la memoria habla, tú callas. Cuando la memoria calla, tú ni hablas ni escribes. Te dejas llevar por el rumor de la memoria silenciosa.

La memoria no escribe hoy porque lo escribió todo mañana.

La memoria atesora personajes que parecen perdidos para siempre. Un día, que puede ser hoy, uno de esos personajes aparece y te dice lo que nunca se atrevió a decirte hace décadas. Son las viejas celadas de Mnemosine, madre de todas las musas.

La memoria se detiene algunas veces y rememora. Después vuelve con más bríos y te inunda.

La memoria es una mañana en el mar porque dos amantes escuchan el aria de la Bachiana Nro. 5 de Villalobos.

La memoria es un territorio infinito, un légamo que no termina.

La memoria suele dislocar su brújula y se va al pasado por irse al futuro.

Se equivocó la memoria. Se equivocaba.

jueves, mayo 14, 2009

La mágica enfermedad y las desatenciones de la critica

Jesús Sanoja Henández (1930-2007)

El lector buscó en su biblioteca y no encontró nada. Escribió después el nombre del autor en Google y tampoco. Tecleó otro nombre y la previsible respuesta de “cero resultados” no se hizo esperar. Insistió, esta vez en una hemeroteca que le es familiar y después de una larguísima pesquisa dio con un artículo de prensa del año 68. El autor del artículo era Luis Alberto Crespo, cuyo primer libro obtuvo una mención en el mismo concurso donde el poemario reseñado por él había logrado una distinción semejante. Con los anteriores datos –ciertamente insuficientes- tienen que ser muy pocos los que ya saben que el lector estaba indagando acerca de La mágica enfermedad, de Jesús Sanoja Hernández, un formidable libro raro que todavía –como todo libro raro- anda en busca de lectores y críticos cómplices, por decirlo de un modo famosamente cortazariano.

El lector había seleccionado algunos poemas de ese libro como material para sus clases de Comprensión de Venezuela, porque quería comenzar su paseo nacional desde Angostura. Ni en las antologías más célebres ni en los estudios sobre poesía venezolana consultados encontró una mención al libro de Sanoja que valiera la pena. Especuló sobre las razones de ese descuido. Pensó en las frecuentes desatenciones de la crítica, en los cánones transitorios y dio gracias a los verdaderos poetas por escribir siempre “en una lengua extranjera”, como alguna vez lo dijo Marcel Proust, hablando de crítica y literatura. Pensó también que si bien el texto de Crespo penetra con lucidez y regocijo en el paisaje de La mágica enfermedad y en sus imágenes vegetales y mineras, el lector avisado (o pervertido) por la estética de la recepción, observa ahora que el breve reparo final que Crespo le hizo a los poemas de Sanoja constituye para él uno de los mayores atractivos del libro releído casi cuarenta años después de su primera edición.

El lector tomó nota y transcribió: “Tal vez La mágica enfermedad adolezca parcialmente de excesivo formalismo. A veces el libro se resiente de una abundosidad retórica e impide que sigamos en constante asombro. La elegancia sucumbe de pronto ante ropajes extraños, usados en medio de un paisaje donde lo primitivo, lo originario, el color salvaje, impiden los usos cultistas. Lo legítimo en el libro reside en el propósito de erigir un lenguaje poético vegetal y mágico, dicho a partir del continente, de lo nacional”. Fascinado por el barroco de Sanoja, por los giros herméticos que le recuerdan al siglo de oro y por la mirada gongorina a los pájaros del Orinoco, el lector retuvo una frase del párrafo transcrito y la anotó para resolver su nuevo acercamiento a La mágica enfermedad: “Ropaje extraño”. Vino a su memoria, primero pura, vestida de inocencia y después la fue vistiendo de no sé qué ropajes. Mezcló a Crespo con Jiménez, quienes por poetas -no por críticos-, le dieron las pistas, y se quedó con Lezama y con los atavíos verbales de Sanoja. Creyó encontrar en éste a un adelantado de lo que en los noventa comenzaría clamorosamente a llamarse neobarroco, más por afán argentino de establecer tendencias, que por certeza literaria y le dio, entonces, la razón a su amigo Gonzalo Ramírez. Así, leyó de nuevo con infinita fruición el poema Pájaro y lo encontró espléndido:

Allá va el azulejo entre montes y aparejos,
el minue muerte en su ala es aguja, fibra pequeña
de su canto maltrata insectos silvestres, piñas de color.
Allá va el tucusito rondando su corazón de magia
y lanzando en tijera, en pico, en agradable pluma
sobre un sueño que choca, gongorino, en el verano.
Allá rasga el perico gorgorán de cielo, falsifica
sombras para lanzas de escarmiento, verdes amores.
Allá cierra ojo un moriche y desentona y deshilacha
y a medianoche en sepulcro lila, final de elipsis,
y vuelve de mañana con cuerdas de Bach en el trino.
Allá dóblase el turpial en gonzalito, la trenza farsante
anúdase en locura, evidente cava de deseo, peligro.

Allá va lo elevado, latido de los ángeles, más, más
inquina en el espacio, invento del tiempo sobre matas
para instalar ritmos por detrás, arriba, en las señales,
mientras la música troza corolas y pone fuegos y perfumes.
Más tarde, releído el libro por completo, el lector pensó que estaba en presencia de una de las obras más importantes de la poesía venezolana y que su inepcia como crítico no le impedía seguir buscando adhesiones para su entusiasmo. Pensó en una crítica que volviera su mirada hacia las vísperas perdidas y se asombrara de lo que no se asombró en su momento. Pensó en la crítica como autocrítica (así la quiso en una ocasión Julio Miranda) y fantaseó con una Comprensión de Venezuela fundada sólo en la lectura de poemas, sin propósitos escolásticos, sino con la entera libertad del riesgo y la aventura. Supo que no estaba pensando en nada nuevo, pero que tampoco se trataba de innovar, sino de recuperar el viejo modo afectivo de acercarse a la literatura para que fuese ella -y no nosotros- la encargada de deletrearnos. Pensó en tantos estudios críticos banales y superfluos, pero no los desechó por temor a tener que enmendarse algún día. La buena escritura nunca es banal, se dijo, aunque su tema lo parezca, aquí y ahora.
Retornó a su tarea inicial de preparar el programa de la asignatura con la cual pretenderá, sólo a través de imágenes poéticas, la difícil comprensión de su patria. Escribió "Orinoco" y también los nombres de Sanoja, de Pineda, de Alarico, de Sánchez Negrón, de García Morales, de Sucre, de Luz Machado y de Mimina, a sabiendas de que iría descubriendo tras cada imagen, otra y otra y otra…y muchos mundos distantes, inabarcables y desconocidos.

sábado, marzo 28, 2009

Una ciudad llamada Estefanía

Stefania Mosca en la Fontana de Trevi. 2006. Foto: Roberto Hernández Montoya

Comenzaba el mes de agosto y casi todo el mundo cultural de Caracas había asistido a la fiesta. Yo, provinciano, también estaba allí, con una invitación que había llegado a mi correo y que no fue necesario mostrar en la entrada del Gran Salón. Todos podíamos pasar como Pedro por su casa y admirar el audaz diseño de sala que para esa ocasión había elaborado la artista Nela Ochoa. Saludé a Tulio Hernández y a otros amigos, mientras me abría paso entre enjambres de bandejas de tequeños y de rebosantes vasos de whisky. Ese mediodía se otorgaban los premios del periódico y a mí me interesaba el de cuentos. Pero no eran los premios, precisamente, lo que animaba a la mayoría. Tampoco felicitar, con la cortesía del caso, a los risueños anfitriones. En realidad, el atractivo del sarao estaba en la posible aparición de los candidatos presidenciales.

Era del año 1998 la estación crucial. Faltaban cuatro meses para las elecciones y las encuestas ya habían comenzado a modificarse de manera peligrosa. “¿Viene o no viene Chávez?” era la pregunta a flor de labios entre los devoradores de huevos de codorniz con salsa rosada. No habían transcurrido cinco minutos cuando, de pronto, conseguí a una inmejorable compañera de fiesta. En honor a la verdad, creo que los dos nos conseguimos y juntos recorrimos felices el salón. Saludamos y fuimos saludados. Sus amigos y los míos nos salían al paso. Recuerdo a Luis Díaz Fajardo y a su esposa, con Raúl Piña, hablándome del poeta Christian Díaz Yépez, hijo de los primeros. También a Antonio López Ortega, siempre afable, informándome orgulloso a quién se debía el diseño de la sala. Y a Douglas Palma, preguntándole a ella si yo era el ganador del concurso de cuentos. Tuve que responderle de inmediato: “Me llamo Freddy Castillo Castellanos, no Jorge Rodríguez. Mucho gusto". Con Douglas hablamos un buen rato y seguimos el recorrido, tropezándonos con un cambalache discepoliano de políticos, publicistas y arroceros, como suele ocurrir en encuentros de este tipo. Y así, nos fuimos vacilando con deleite y con distancia las gracias dispares del convite. Ella derrochaba ángel, belleza y simpatía. Y yo era sólo un afortunado acompañante, pero también su cómplice, todo hay que decirlo.

De allí salimos poco después de que la llegada de Chávez provocara el delirio. Nos fuimos a la barra de un amable bar cercano a Puente República. Bebimos vino y comimos pulpo a la gallega. Hablamos de literatura y de ebriedades. Sentí que a ella la habitaba un duende poderoso, capaz de superar todas las discordias, sin pactar ni doblegarse en nada. Pagamos y nos fuimos en su carro hasta su casa. El recorrido fue largo, por las trancas caraqueñas hacia el este en esas horas de la tarde. A la altura de la Castellana llamé a Cuchi y le dije con quién estaba. Le pasé el teléfono y ellas hablaron, afinidades mediante, con la sabiduría secreta e intemporal de las mujeres. Ya en su apartamento, se nos unió el querido Gonzalo Ramírez y en su fraterna compañía rubricamos una jornada inolvidable. Debo afirmar que ese día confirmé la admiración por sus libros e inicié la alta estima por su condición humana.
Ella escribió novelas, cuentos y ensayos estupendos. Dirigió revistas y animó publicaciones. Presidió una importante editorial de América Latina. Podría hablar de esas obras y acciones valiosísimas, pero hoy prefiero referirme brevemente a otra de sus facetas: la de sus artículos de prensa. Todos los domingos salgo a esperar al cartero a ver si trae algo para mí. Y lo trae: las crónicas distintas de mi amiga, publicadas durante los últimos años en el diario Ultimas Noticias. En ellas están sus pasiones intelectuales, su ironía corrosiva ante la debacle moral de muchos de nosotros, sus imágenes literarias entrañables, sus días y sus mitos en la ciudad atribulada, y algo más que merece la mejor de las vindicaciones (vocablo amado en un tiempo por su querido Borges): el compromiso no menoscabado con sus sueños.

Arribo ahora al difícil momento de escribir el nombre de mi amiga, aunque todos sepan ya de quién se trata. Digámoslo así: ella se llamaba hermosamente Stefania Mosca y era una de las grandes narradoras caraqueñas de mi tiempo. Murió hace tres días en su enorme “pequeño mundo”, vale decir, en su íntima grandeza.

Hoy podemos afirmar, con el Catire y con Lucía, que Stefania sigue descubriéndonos a todos.

domingo, noviembre 16, 2008

Munch: un lugar común del desespero



Veo en Film&Arts un cuadro de Munch titulado Cuatro muchachas paradas en el puente. El comentario habla de “los poderosos colores del fauvismo”. Destacan los vestidos de las mujeres. La escena corresponde a un día de verano en Noruega. ¿O es de noche? En verdad, es una noche blanca del verano.
No se le ve la cara a las mujeres, salvo a una que mira al espectador, pero que es poseedora de un pequeño detalle: carece por completo de rostro. Hay 16 versiones del cuadro. En una de ellas esa mujer tiene rostro.
“En el escenario misógino de Munch las mujeres se convertían en vampiros y Salomés, seductoras y asesinas...”. Eso dice ahora el comentarista, ilustrando con palabras otro cuadro.
Munch vivió 81 años. Tuvo el honor de ser incluido por los nazis dentro del salón de “arte degenerado”.
Es famosísimo y terrible su cuadro “El grito”, casi un lugar común del desespero.

martes, agosto 05, 2008

El monstruo verde


En realidad no sé bien dónde me encuentro. Lo cierto es que nunca salgo de esta extraña casa, con numerosos pasadizos y con salas abarrotadas de libros. No me acompañan ni muebles ni animales. Todas las puertas (que por cierto, son muchas) permanecen abiertas día y noche. Sé que en la calle hablan de mí y se tejen historias increíbles sobre mi origen. Han dicho que soy un minotauro y que estoy sentenciado a muerte. Nada más lejos de lo verosímil. Con frecuencia ritual y calculada, alguien, a quien nunca he visto, me toma en sus manos y me obliga a entretenerle por varias horas. De alguna manera ese es mi alimento: servirle a las personas. Alguien ha anunciado mi redención. Desde entonces deseo que ésta ocurra pronto. Mientras tanto, sigo en el centro de la casa.
Es domingo. El sol está entrando por el balcón. Unas manos que conozco entran por mí y no me encuentran.
-Cuchi, ¿dónde está el monstruo verde?
-Se lo llevó Luisana para Mérida.
Otras manos, secretamente, pasan mis páginas.

miércoles, julio 09, 2008

Alienación, consumo y espectáculo

Karl Marx

Recuperar el sentido de las palabras es recuperar también una práctica de higiene intelectual que la hojarasca de ciertas modas ha querido abolir. Usemos de una vez uno de los conceptos convocados por este encuentro: venimos de un largo y extenso proceso de alienación, merced al cual hemos perdido hasta nuestro territorio más entrañable: la palabra.

Ya no llamamos a las cosas por su nombre ni empleamos los viejos vocablos que sirvieron, gracias al esfuerzo intelectual de pensadores como Karl Marx, para iluminar las zonas más oscuras de la realidad social. Abandonamos expresiones como "sociedad de consumo", "alienación", "lucha de clases", por sesentosas o anticuadas. No hablamos. "Comunicamos". Y si hablamos no es para decir cosas, sino para señalar imágenes en este reino del espectáculo en que nos movemos, o en que nos mueven, para ser más exactos.

Estar alienado es dejar de pertenecer a una memoria, a una tradición, a una cultura, a uno mismo. Es el desarraigo total, condición indispensable para que prospere la hegemonía demoledora del capitalismo y para que el consumo nos consuma vertiginosamente, como la tecnolatría lo ordena. El consumo es, simultáneamente, un acto de posesión y de desposesión. No establecemos una relación verdadera con nada. El mercado nos obliga al desecho inminente. La inercia de su funcionamiento es irrefrenable y la autodegradacion es su lema.

Muy lejos estamos del vínculo que antaño podíamos establecer con lugares, seres y cosas de nuestro afecto. Una normalidad patológica nos circunda. Uniformamos lenguajes, programas educativos, opiniones y hasta sueños, según el código legitimado en nuestras democracias del consenso y de la cohesión. Nada que ver con la belleza del personaje de una película que ahora recuerdo. Me refiero al viejo ex-marino de En construcción (filme del español José Luis Guerín) capaz de invertir la lógica del mercado y de transformar la basura en una maravilla cotidiana. Cartonero o recogelatas del barrio chino de Barcelona (hoy Raval), el adorable viejo de la película va sacando de su bolso tesoros y tesoros que llenan su vida y que gracias a su imaginación lo concilian con el mundo y le permiten tener “caprichos de gente caprichosa” y no burda y tediosamente el objeto de moda que se compró el vecino.

domingo, julio 06, 2008

De ingratitudes y telenovelas

En People en español apareció en marzo de este año una nota firmada por Miriam Giglio en la que, entre otras cosas, dijo esto acerca de las heroínas de las telenovelas:

"INGRatItuD, tu nombre es heroína
Las protagonistas de las telenovelas han cambiado mucho en los últimos años, ya no son niñas buenas, sino mujeres desagradecidas...

Si hiciéramos una lista de las virtudes de una heroína de telenovelas, la gratitud no estaría incluida. Serán virtuosas y generosas, pero las heroínas son unas ingratas. Tratan mejor a sus enemigos, que a quienes las ayudan".

(03 de marzo, 2008. Miriam Giglio/ Cd. de México).
En la foto: Susana González, actriz zacatecana.

martes, junio 10, 2008

Botánica funeraria

La Recoleta

Hay una rama de la botánica de cuya existencia tuve noticias leyendo las espléndidas memorias de Joan Perucho: la botánica funeraria. Con motivo de una visita suya al Père-Lachaise, Perucho destaca la belleza de la decoración vegetal del famoso cementerio y recuerda a su paisano Celestí Barallat, a quien llama “el primer tratadista del mundo en botánica funeraria”.
Según Barallat, las plantas aspiran las emanaciones pútridas y purifican el aire. Pero no son sólo sus hojas las encargadas de esta limpieza fúnebre. También las raíces hacen lo suyo: “se dirigen siempre hacia el lado de las tumbas, llegan hasta perforar los ataúdes y se ocupan incesantemente en absorber los productos de descomposición a medida que se forman, librando de este modo la superficie del suelo de sus perniciosos efectos”. Perucho nos informa que esto lo escribió Barallat en su libro Principios de botánica funeraria, publicado en Barcelona, en 1885.
Barallat i Falguera “era abogado, erudito sensible que llegó a ser miembro y secretario de la Reial Academia de Bones Lletres de Barcelona y miembro de la Junta de Cementerios”. Murió, según la ley fatal del azar concurrente, el día de los difuntos del año 1905. Aunque parezca una genial invención de Joan Perucho (fundador junto a Gimferrer de una “Academia de Ficticios”), Celestí Barallat existió para mayor gloria de los jardines lóbregos.

P.D: Joan Perucho, a su vez, es autor de una "Botánica Oculta", deliciosa y mágica.

sábado, junio 07, 2008

Valente y la tarde

"Esas amapolas, esas...". Guillén

La tarde se parece a un poema de Valente,
por la luz que se cuela entre las hojas,
por el agua que está lavando sin prisa esta mirada.

Un eco aquí de las tristezas nuestras

El Greco. Retrato de Paravicino

Luis Cernuda le habló un día a Fray Hortensio Félix Paravicino.
El encuentro de estos dos españoles del exilio eterno tuvo lugar en Boston.


Luis Cernuda le preguntó:
“¿También tu aquí, hermano, amigo,/ maestro, en este limbo?”.


Después fue recreando el paisaje que el fraile contempla
desde el instante en que el Greco dio por concluido su retrato portentoso:


“...aquel paisaje bronco
de rocas y de encinas, verde todo y moreno,
en azul contrastado a la distancia,
de un contorno tan neto que parece triste”.


Los dos exiliados intercambiaron ausencias.


Cerró el encuentro un verso inesperado:


Un eco aquí de las tristezas nuestras”.


Y ahí, en esa frase,
quedaba dicho todo.

viernes, mayo 23, 2008

De mis asuntos a mi corazón

Beata Beatrix

23-05-08: Viernes, día regido por la divinidad que entreteje en la selva el cuerpo de los amantes. Lo recordó Borges en Cambridge, un día dominado por la divinidad literaria que enlaza secretamente la memoria en los espejos. Comienza el descanso. Comienza por fin el descanso a las siete de la noche cuando ya estoy en la casa, después de una semana interminable. Comienza el recuento de la semana. Mejor dicho, comienzan a retornar las imágenes de estos días intensos. “Retornar” es un decir. Esas imágenes no se habían ido. Gravitan en mí.

Primero, la mañana ante unas cámaras y la cortesía e inteligencia de un entrevistador. Después, librerías. Café en una de ellas. Conversación amistosa y afectiva. Pasa el tiempo rápido y veo ahora a Gustavo Pereira con su esposa, sus hijos, sus hermanos y su nieto. Están en el lobby del Hotel Alba Caracas. Se toman fotos. Están felices. La familia del poeta es como el poeta: alegre y amable. Nos saludamos y abrazamos. Y vienen más imágenes. Estoy en el Teresa Carreño y oigo a los poetas extranjeros invitados al Festival Mundial de la Poesía. Me agradan la lectura del francés Ludovic Janvier y de un italiano. El primero recita más que lee y pone en aprietos al lector venezolano de la traducción (Luis Alberto Crespo). Luis Alberto sale airoso. Me emociona el poeta de Angola. Espero con interés al colombiano Roca y al ecuatoriano Madrid. Me decepcionan un poco, pero sé que no escogieron el poema adecuado para esta apertura. Ellos son muy superiores a su lectura del lunes. Lee un brasileño, una islandesa (interesante) y muchos más.

Llegan también las imágenes del martes y paso a otro escenario. Voy, entonces, de mi corazón a mis asuntos. Estoy en la Universidad Bolivariana y espero el inicio de las jornadas sobre educación superior. Me encuentro con RR. Conversamos animadamente sobre su pasantía por la UNESCO. Van llegando los profesores de la UNEY. Saludos. Saludos y saludos. Viene la instalación. Vienen las conferencias. Brilla la brasileña Ana Lucia. De ella me había hablado Miguel Rojas-Mix. Al final me le acerco. La felicito. Le digo que tenemos un amigo común. Y le doy el nombre. Se alegra y me pregunta cómo me llamo. Cuando le respondo me dice que ya me conoce, precisamente, por el amigo común. Vienen ahora las mesas de trabajo. Me toca la mesa 1, encargada de trabajar el tema del contexto mundial y regional de la educación superior. Buen inicio. Buenas intervenciones (Ovidio). Receso (...). Discurre espléndida la tarde. La noche llega con poesía en el Celarg. Yo llego solo y temprano a mi descanso.

Las imágenes del miércoles serán las del trabajo gustoso. Cunde la amistad y concluye nuestra mesa. Poesía que se comparte y se revela.

El jueves en la UNEY nos visita la tristeza. Muere el padre de un gran compañero. Muere de repente el padre de Manzanilla. Se le cantan salves a la Cruz en su memoria.

Regreso a Barquisimeto y viene el viernes, que es hoy, con la febril indagación de los poemas. En San Felipe, el ministro y el alto funcionario olímpico. Acompañamos a Manzanilla en el cementerio y el día vuelve a combinar su ajetreo con las confluencias inesperadas y exactas del azar.

sábado, mayo 03, 2008

Vuelven las morochas Minh Thai


Las morochas Minh Thai se están cayendo de la borrachera. Digo que ya no hay fuerza humana capaz de sostenerlas, pero miento. Ellas mismas poseen esa fuerza. Casi se caen, pero no se caen. Vuelven sobre sí mismas y siguen como nuevas su camino por la Rue de Buci, trastabillando. Son un milagro en la memoria parisina. Luisana les puso nombre una noche y yo no las olvido.

domingo, abril 27, 2008

Tocar la puerta no es entrar


Hoy en el parque del Este vimos tres periquitos carasucia, un carpintero y un cardenalito. Suficiente para comenzar bien el día.

Pienso que podría ensayar algún haikú para el cardenalito:

Rojo en la rama.
El día se detuvo hoy
silencioso en sus plumas
.

Pero no es fácil. Ya sé que no me salió lo que quería. Tendría que ser algo más redondo y no el inicio de una frase que se interrumpe. El haikú debe parecerse a un enigma, pero a un enigma completo, es decir, a un enigma que incluya su respuesta.

Quieto en su rama,
me sorprendió en el parque.
Silencio y fulgor.

Pensativa. Roja
en la rama seca,
la belleza tiene alas.


Nada. Que no sale ni vuela. Toco lo puerta, pero no entro. Tal vez me aproxime al tono, pero no al efecto que busco. Debería insistir, como todo poeta que se respete, pero ¿lo soy yo? y si lo fuera, ¿me respeto, acaso? Creo que lo que a veces respeto es la idea de no ser poeta de verdad. Que se me perdonen, entonces, las ocasiones en que desacato esa conciencia. Como la de hoy, por ejemplo.

sábado, abril 19, 2008

Octavio Paz murió inmortal

Foto de Paulina Lavista

Hoy se cumplen diez años de la muerte de Octavio Paz. Busco en la memoria unos versos suyos para insertarlos en un inolvidable párrafo de Borges y cometer el arbitrio de un homenaje personal que los enlace:

El río es un tiempo que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre, pero Octavio Paz es ese río encarnado de la literatura mexicana. El tiempo es un tigre que me destroza, pero Octavio Paz es ese tigre en el horóscopo chino. El tiempo es un fuego que me consume, pero Octavio Paz es ese fuego de cada día.

domingo, abril 13, 2008

Cardenalito


Hoy, como todos los días, Cuchi y yo caminamos en el parque del Este. El martes pasado tuvimos la dicha de ver a un cardenalito que posaba, quieto y misterioso, en su rama. Desde entonces, cada mañana llevo la esperanza de reencontrar su límpida belleza inesperada, el gesto sereno de su prodigio inalcanzable.

Hoy estaba, antiguo e invisible.

domingo, abril 06, 2008

Garcilaso


El poeta inicia su trabajo con un prólogo
donde se alude con fuerza a la palabra,
y al secreto de la bellísima voz a ti debida.

Es una voz –se sabe- que detiene las aguas del olvido
y que redime a un hombre que, sin dejar la espada,
la pluma tomó
para escribir endecasílabos.

Por el Tajo innumerable su palabra
me conduce a la espesura.

Y desde la cumbre donde Toledo asombra,
“de antiguos edificios adornada”,
el poeta sorprende al lector de su Egloga tercera,
en el preciso instante en que un verso
acaba de abolir su desamparo.

Lectura


Noche de lectura en mi casa de la 17. Me dejaba llevar por las palabras, sobre todo por aquellas que no entendía y que me iba diciendo a media voz. Esas palabras me iluminaban sin saber por qué. No importaba saberlo. Las leía en poemas que me siguieron gustando durante mucho tiempo. Eran poemas insomnes. Yo tomaba café y me internaba en la penumbra.

Después recuerdo un laberinto, un laberinto que leía en voz alta, ya en la mañana. Allí se hablaba de la muerte de Ariadna. Y a mí me gustaba Ariadna S, la distante Ariadna que vivía en la 18...

sábado, marzo 29, 2008

Briceño Guerrero cuenta


1. Briceño Guerrero estuvo dos días en la UNEY. Tal vez pueda decir que la UNEY también estuvo dos días en Briceño Guerrero. Lo podría afirmar porque creo que hubo conexión verdadera entre nosotros. Presenté los libros suyos que editó José Gregorio Vásquez, buen amigo nuestro (mío y de Cuchi). Briceño respondió la presentación con generosas y emotivas palabras. Y con algo más: relató el curso que siguió uno de sus primeros libros, Dóulos Oukóon. En Puerto Rico se formó una secta de lectores en la que se aseguraba que el autor de ese libro era un extraterrestre. Cuando uno de sus miembros fue a Mérida y comprobó que el autor vivía allí y era profesor de la ULA, llegó a la conclusión indeclinable de que el extraterrestre se hacía llamar José Manuel Briceño Guerrero.
La visita del maestro a la UNEY ocurrió el jueves pasado. Hoy es sábado. Todavía gravita intensamente su presencia. Creo que seguirá siendo así durante mucho tiempo. Briceño inició un curso sobre cultura e identidad en América Latina el jueves a las 4 p.m. y lo concluyó ayer, a las seis de la tarde, pero volverá pronto.

2. El jueves cumplí años. El azar concurrente me regaló ese día la presencia de Briceño Guerrero. Briceño debió venir a la UNEY hace un mes (o poco más), pero se enfermó y el médico le indicó la inconveniencia de viajar por avión. Briceño vive en Mérida. El mismo día (o el día anterior) previsto para el viaje de Briceño se produjo la más espantosa tragedia aérea de los últimos tiempos en Venezuela. Apenas despegó del aeropuerto de Mérida, un avión de la línea Santa Bárbara se estrelló contra una montaña. Briceño estaba en su casa, recuperándose de una leve dolencia. Se reprogramó entonces el curso preparado por nosotros y fue esta semana cuando vino Briceño, por tierra. Llegó a la UNEY el 27 de marzo, día de mi cumpleaños.

3. BEC fue mi compañera de estudios en cuarto y quinto año de bachillerato. Fue, realmente, mi única cómplice en el acto (inconcebible, quizá, para el año 1967) de darle el nombre de Rafael Cadenas a nuestra promoción de bachilleres. La recuerdo blanca como su nombre y con un largo y despeinado pelo negro. Mi condiscípulo Diógenes Macías llegó a llamarla, con cariñosa irreverencia barquisimetana, “La Divina Pastora”. Supe en ese tiempo que BEC provenía por su rama materna de la familia Duin Anzola. Un día estuve en su casa, en la 19 (si mi memoria no inventa) y el nombre de María Inés Duin se me grabó, sin saber exactamente de quién se trataba dentro del árbol genealógico de mi compañera. BEC y yo nos fuimos de Barquisimeto a estudiar en la UCV. Ella, Psicología. Yo, Derecho. Nos veíamos muy poco los primeros años de nuestra vida universitaria, pese a la vecindad de las Escuelas. Saludos amistosos y cada quien en lo suyo. Alguna vez dejamos de vernos y puedo decir que hasta el sol de hoy no he vuelto a encontrarme con la inteligente amiga. El jueves pasado en San Felipe, cuando íbamos hacia la posada Momentos, Briceño Guerrero mencionó a un amigo suyo de la adolescencia llamado Leopoldo Veloz. Al oír el nombre le referí que mi compañero mexicano del Comité Jurídico de la OEA me había dicho hace poco que en los cincuenta conoció a un barquisimetano exiliado, de apellido Veloz. “Podría ser Leopoldo, pero no sé…”, me respondió Briceño. Comenzó entonces a hablar de su amigo Veloz recordando que era hijo de María Inés Duin Anzola de Veloz. Al mencionar a María Inés me acordé de BEC y se lo referí a Briceño. La conozco, me dijo. ¿Cuál es el parentesco de BEC con los Duin Anzola?, le pregunté. Con su respuesta arribo al centro inefable de mi relato, a mi verdadera inepcia de diarista. Resulta que Briceño volvió a su recuerdo de Leopoldo y me contó cuanto sigue:
“Un día la hermana de Leopoldo pidió permiso en su casa para ir a ver a un mago que había llegado a Barquisimeto. El padre le dio el permiso, pero sólo si la acompañaba su hermano Leopoldo. Yo, como amigo de Leopoldo, me sumé a la compañía protectora. Fuimos hasta el lugar donde el mago atendía. Entramos. Cuando el mago leyó la mano de la hermana de Leopoldo le dijo de manera determinante que ella se iba a casar esa misma tarde. ´¿Pero si yo no tengo novio´? alegó la joven. ´Eso no importa´ afirmó el mago y de modo inmediato y tajante pasó a despejar cualquier incertidumbre: ´Es que usted dentro de unas pocas horas se va a casar conmigo´. Y así fue. Después de superar fácilmente la frágil oposición de los chaperones y la nerviosa persecución del padre de la criatura, el hábil mago consumó con éxito su rapto. Los novios se fueron de Venezuela, hicieron actos de magia en Centroamérica y tuvieron una hija”.

Cuando Briceño terminó su relato ya no hubo dudas para mí: BEC, mi compañera de bachillerato, era la hija del mago.

4. “Cuanto he tomado por victoria es sólo humo”. Como recordarán algunos, la frase anterior es un verso de Rafael Cadenas. BEC, hija de magos y nieta de María Inés Duin, usó ese verso para invitar a nuestra graduación de bachilleres en 1967.

5. Conocí a finales de los setenta a Carmen Duin Anzola en su cama de enferma. No recuerdo si le pregunté por BEC. Sólo recuerdo que Carmen, por encima de la esclerosis múltiple, era una fuerza inenarrable.

domingo, marzo 09, 2008

Cooke, qué grande sos, cuánto valés

El Pocho y el Bebe

Hace 50 años estuvieron estos dos en Caracas.
Hoy saludo a Cooke.
El que quiera entender que entienda.

jueves, diciembre 27, 2007

Una buena repregunta referida por Hiriart

"Mira Dódolo, hay que saber formular preguntas. Escucha este diálogo de Samuel Beckett:
-¿La conoces? -pregunta el ansioso enamorado cargado de reconcomios.
-Nada más de vista -le contesta el presunto rival.
-¿A qué distancia? -pregunta el curioso pertinente"

(Hugo Hiriart, Cuadernos de Gofa)

domingo, diciembre 16, 2007

Pascua donde no se nombra al Mesías

El Greco

16-12-07: Cantar suave no aprendido. Hoy más abundante y acoplado. Son las cinco y media de la mañana. Antes de los pájaros, se hizo presente un cohete que me recordó las viejas misas de aguinaldo que se iniciaban el 16 de diciembre. Diciembre está pasando tan vertiginosamente que no me he detenido a contemplar su luz ni a darle tiempo a la nostalgia que por esta época suele gozosamente visitarme.
En alguna iglesia vecina se hizo hoy la primera misa de aguinaldo. Ha comenzado la fiesta. Me dan ganas de cantar el más bello aguinaldo de Otilio Galíndez y de decir con él:
Pascua donde no se nombra al Mesías,

dime si es pascua, José,

si no le cantan al niño Jesús,

dime si es pascua, preciosa María.

jueves, diciembre 06, 2007

Víctor Serge y lo invencible

Víctor Serge

Después de la aflicción, se me ocurrió de repente buscar en mi biblioteca un libro de Víctor Serge. Lo abrí y leí cuanto sigue:

"Cuando se tiene a favor las leyes de la historia, los intereses del futuro, los requerimientos económicos y morales que conducen a la revolución; cuando se sabe con certeza lo que se quiere y se conocen las armas propias y las del enemigo (...); cuando hay seguridad en uno mismo y sólo se trabaja con aquellos en los cuales se tiene confianza; cuando se sabe que la obra revolucionaria exige sacrificios y que toda devota semilla fructificará centuplicada, entonces se es invencible".

"Sacrificios". Palabra clave.

domingo, noviembre 25, 2007

El niño peronista y el barroco


24-11-07:
Veo y oigo a Daniel Santoro, el pintor peronista. Se refiere con sorna inteligentísima al minimalismo de los sifrinos de Palermo Viejo, a quienes él llama “comedores de rúcula”, en alusión directa al mundo gourmet que por allí campea. Recusa Santoro el afán mimético de buena parte de nuestras culturas y afirma que los mexicanos nos llevan una ventaja considerable por haber inventado el sombrero grande, el sombrero antiminimalista que dio al traste “con los sombreros maricones de los europeos”. Acompaña sus palabras con los dibujos de los sombreros y confiesa que el equivalente argentino de esa creación mexicana es el peronismo.

“El exceso” y “Evita Perón” son reacciones contra la mesura artificial y contra el refinamiento. Eso dice Daniel Santoro, "el niño peronista". Podríamos agregarle –sin alterar el espíritu de su argumento- nombres más cercanos en el tiempo, pero dejémoslo así para no caer en la tentación de la analogía...

Entretanto, recordemos la idea de que el barroco americano es también una estrategia de resistencia cultural, como hace poco lo dijo Bolívar Echeverría en las páginas espléndidas de su Vuelta de Siglo.

¿Es barroco el peronismo? ¿Es barroco el sombrero mexicano? Creo que sí en ambos casos.

Y con seguridad es barroco Santoro en el bello discurso que me acaba de deparar Telesur.

sábado, noviembre 24, 2007

Pequeña confesión a la sordina...

Janio Quadros


1961. He llegado ya al zaguán de mi casa y puedo decir que me encuentro a salvo. Realmente no hallaba dónde esconder esto que siento. Todavía me asalta la sorpresa. Todavía tiemblo. Ella me abordó y no supe qué hacer. Llevaba días haciéndole ronda sin atreverme a hablarle. Hoy ella lo hizo y me sentí inerme, emplazado y descubierto. Se llama Gisela y es dueña del rostro y de los ojos que me cautivaron hace poco en la clínica donde operaron a mi padre. Tengo 11 años y soy un tonto que se llama Freddy.

2007. Ayer los padres de Anairene Asuaje asistieron a la inauguración de la biblioteca “Elisio Jiménez Sierra” en Guama. Después almorzaron en Colibrí. La madre de Anairene se llama Gisela Salazar y fue (y es), sin haberlo sabido nunca, la Gisela del párrafo anterior.

sábado, octubre 27, 2007

Es infinita esta riqueza abandonada

Edgar Bailey


Néstor Sánchez


27-10-07: Fue reeditada la novela Cómico de la lengua de Néstor Sánchez. Estuve buscándola hace varios meses y no pude conseguirla. Era previsible. La edición de Seix Barral estaba agotada y todavía no había salido la excelente reedición argentina de Paradiso. Sánchez es ahora un narrador olvidado. En los años setenta se le exaltó y consagró casi a la misma velocidad con que se le sumió poco después en el olvido. Creo que toda su obra se publicó en un período de seis años apenas (1976-1973). Nació en 1935 y murió en el 2003. Yo preguntaba en las librerías de Buenos Aires y nadie me daba razón de sus libros, hasta que una tarde de enero del 2006, en una pequeña librería en Barrio Norte conseguí Siberia blues. Ciertamente Paradiso está iniciando ahora su recuperación junto con Alción Editora que editó Nosotros dos. Pienso que esa recuperación –como casi todas- vale la pena.

Abro en este momento el volumen de Cómico de la lengua que compré hace dos semanas en la amable librería Prometeo de Palermo. Al leer las primeras líneas recuerdo que el pasado 15 de octubre había intentado comenzar la lectura de la novela durante el vuelo Buenos Aires-Caracas. Lo recuerdo exactamente, entre otras cosas, porque cuando me topé en esa ocasión con la primera página, se me apareció, como siempre, el azar concurrente. Leí lo que ahora leo de nuevo: “…el anochecer (la caída de la tarde, el crepúsculo) del día quince de octubre…)". Y sigo la lectura de una página que remite a su propia escritura o a cómo describir la lentitud que Nacha Ortiz empleó esa tarde en desvestirse.
La novela continuará su curso con la parsimonia de una lengua que procede también por oído. La prosa de Sánchez, que comenzó con el viejo truco del manuscrito, irá convirtiéndose en el verdadero centro de la trama y alcanzará en un momento la difícil cumbre de la poesía. Al llegar al capítulo que recuerda un verso de Edgar Bailey pude decir(me), casi de manera mecánica, que Cómico de la lengua es una novela interminable y que "es infinita esta riqueza abandonada" por más esfuerzos que hagamos para su agotamiento.

Nuevamente volvió por sus fueros el azar concurrente. Antes de concluir esta breve anotación quise verificar la cita de Edgar Bailey. Fui a la biblioteca y busqué su Obra Poética editada por Corregidor. La encontré –lo juro- debajo de dos libros de Néstor Sánchez: Siberia blues y Nosotros dos.

Es infinita esta riqueza abandonada.
(A Gonzalo Ramírez, lector de Sánchez)

sábado, octubre 20, 2007

Dedicatorias de Borges

María Kodama. Foto de una buena foto de Martín Castillo

Borges, maestro también de los "umbrales" y de otros paratextos, dejó escrita una de las mejores formas del difícil arte de dedicar un libro: la metadedicatoria, que en su caso fue sólo el confeso pretexto para pronunciar un nombre. Así, en la primera página de La cifra escribió amorosamente cuanto sigue:

“De la serie de hechos inexplicables que son el universo o el tiempo, la dedicatoria de un libro no es, por cierto, el menos arcano. Se la define como un don, un regalo. Salvo en el caso de la indiferente moneda que la caridad cristiana deja caer en la palma del pobre, todo regalo verdadero es recíproco. El que da no se priva de lo que da. Dar y recibir son lo mismo.

Como todos los actos del universo, la dedicatoria de un libro es un acto mágico. También cabría definirla como el modo más grato y más sensible de pronunciar un nombre. Yo pronuncio ahora su nombre, María Kodama. Cuántas mañanas, cuántos mares, cuántos jardines del Oriente y del Occidente, cuánto Virgilio”.

En su último libro (Los conjurados) Borges afirmó que la dedicatoria es un misterio y una entrega de símbolos. Mucho antes, en 1960, había escrito un sueño que fue a la vez un relato prodigioso, un tributo y una dedicatoria literaria reparadora y justa. Me refiero, desde luego, a la página espléndida en la que Borges le entrega El Hacedor a Lugones y éste, que se había suicidado 22 años antes de esa ofrenda inesperada, la acepta gustoso.

Fuentes y el arte (o el ardid) de la dedicatoria

Shirley MacLaine

Al arte de la dedicatoria dedicó Gerard Genette un capítulo de sus Umbrales, libro donde encontramos un estupendo estudio sobre los llamados “paratextos”, esas delicias marginales de la literatura. El mexicano Hugo Hiriart, por su parte, escribió un divertido artículo acerca de la práctica de dedicar libros, incluido en su entrañable Disertación de las telarañas. En el referido articulo podemos leer aquel memorable ejemplo de dedicatoria excluyente y sorpresiva: “Dedico estos poemas a toda la humanidad, menos a Enrique Krauze”. Ambos trabajos pueden servirnos para orientar nuestra incursión en esta escritura poco visitada por los críticos, pero muy recordada por algunos lectores. Yo me limitaré ahora a seguir el hilo de una conversación informal que tuve hará unos cuatro años con Beatriz. El tema era Carlos Fuentes y algunas de sus novelas. Mencionábamos títulos y temas, pero sólo para identificar un gusto común. En eso estábamos cuando de pronto me percaté de que me sabía de memoria varias dedicatorias de Carlos Fuentes y se lo comenté de inmediato a Beatriz. Alguno de los dos propuso entonces llevar al ya extinto y legendario foro “Javier Marías” el tópico de la dedicatoria literaria, empezando con Fuentes. Y eso hice, no sin antes estampar mi propia dedicatoria, que resultó tan sólo una frase de típico requiebro: A Beatriz, cuyo sólo nombre es un anuncio de belleza.

Mi admiración por Luis Buñuel encontró un día en Carlos Fuentes las frases precisas que me permiten desde entonces expresarla con elocuencia que agrada y comunica. Las hallé en la dedicatoria de su libro Las Buenas Conciencias. Allí está escrito: “A Luis Buñuel, gran artista de nuestro tiempo, gran destructor de las conciencias tranquilas, gran creador de la esperanza humana”. Creo que esa frase comprende un universo o, por lo menos, cuanto sigue: una filosofía estética en pocas líneas, una biografía en tres pinceladas y un ejercicio del elogio y del afecto que se explica a sí mismo. Todo eso -y más- es esa dedicatoria admirativa, que aprovecha el título de la novela para contraponerle un atributo “buñueliano” y establecer el centro perdurable de una obra (la de Buñuel).
Años más tarde me toparía con otro libro de Fuentes dedicado a Buñuel: Una familia lejana. Esta vez la ofrenda es brevísima, despojada, sencilla: “A mi amigo Luis Buñuel, en sus ochenta años”. Fuentes la acompañó de unas palabras de Proust para definir lo que estaba dedicándole al amigo: “Ce qui est affreux, c`est ce qu`on ne peut pas imaginer”. Es la dedicatoria que busca asociar “dedicatario” y libro. ¿Cómo dedicarle al gran destructor de las conciencias tranquilas una historia que no le sea digna? ¿Cómo dedicarle, por ejemplo, una obra melosa, edulcorada?

A Buñuel siguió dedicándole libros Carlos Fuentes. Si bien Diana o la cazadora solitaria no tiene nada escrito en forma convencional de dedicatoria, un enorme “In Memoriam” por la actriz Jean Seberg se desprende de sus páginas... En ellas encontramos, además (y por esto viene al caso), una presencia sabia: la de Luis Buñuel. El inevitable surrealista español es un personaje de la novela. En ella hace de amigo y consejero del autobiógrafo que, como suele ocurrir, perdió la cabeza por una mujer.

Seguramente habrá otros libros de Fuentes con dedicatorias o alusiones a Buñuel o algún relato que ahora se me escapa. Lo cierto es que, más allá de las dedicatorias, varias son las obras “buñuelianas” del mexicano. Entre ellas incluyo a Aura y Cumpleaños, no dedicadas a Buñuel, pero asociables plenamente al genial aragonés. También puedo recordar Terra Nostra, esa película de Luis Buñuel magistralmente llevada a la escritura por Carlos Fuentes. Está dedicada “a Sylvia” (así, sin más) pero la antecede una nota de reconocimientos, que en mi opinión, constituye también una dedicatoria, una copiosa dedicatoria que es también un borgeano poema de los dones. Copio una parte:

“A Luis Buñuel y Alberto Gironella, por las conversaciones en la Gare de Lyon que fueron el espectro inicial de estas páginas; a Carlos Saura y Geraldine Chaplin, demiurgos del pastelón podrido de Madrid; a María del Pilar y José Donoso, Mercedes y Gabriel García Márquez, Patricia y Mario Vargas Llosa, por muchas horas de extraordinaria hospitalidad en Barcelona; a Monique Lange y Juan Goytisolo, por el refugio de la rue Poissoniére; y a Marie José y Octavio Paz, por un estimulante e ininterrumpido diálogo a lo largo de los años. // A Roberto Matta, propietario del mapa de plumas de la selva americana, que en realidad es una máscara; a José Luis Cuevas y Francisco de Quevedo y Villegas, porque el genio y la figura de su encuentro sepulcral acudieron a mi llamado de auxilio en los momentos difíciles...”.

La dedicatoria en Fuentes es ofrenda y reconocimiento, afecto y homenaje. También es poesía de las maravillas cotidianas. Por esto último no se me olvida jamás la sencilla dedicatoria de Cumpleaños, con la que concluyo esta primera aproximación al tema:

“A Shirley MacLaine, recuerdo de la lluvia en Sheridan Square”.

sábado, octubre 06, 2007

Emilio Gauna murió en Palermo

Adolfo Bioy Casares


"Emilio Gauna murió en Palermo en una noche de carnaval,
acuchillado en un mano a mano que se arrastraba de años atrás
".


Era contemporáneo de Borges y seguramente había escuchado historias de los más afamados cuchilleros de Palermo, como ese protervo "amigo" suyo llamado Valerga. Le hubiera encantado, sin duda, El Sur, un cuento formidable y letal en el que habría visto anunciado su coraje y su destino. Creo que la mitología porteña del héroe lo abrumaba.

Emilio Gauna dudó de su propio arrojo y quiso desmentirse. Tuvo éxito. Tanático, pero también cartesiano, sabiamente se dejó ahogar por la ebriedad de la fiesta.

Con brillantez, Adolfo Bioy Casares lo concibió y mató en El sueño de los héroes. Después, a Gauna lo llevaron al cine y lo cantaron gracias al maestro Jaime Roos. Podemos decir sin equívocos que también tuvo éxito en esos nuevos escenarios.

Según Adriana Varela, donna della voce rauca, a Emilio “el dolor se le fue como por artimaña”.

Y yo, por lo mismo (por artimaña), intento hoy este post nostálgico que dedico a mi querido amigo Juan Carlos Cadeiras, quien conoce todos los vericuetos de esa hermosa galaxia inabarcable que orgullosa y porteñamente llaman Palermo.

domingo, septiembre 23, 2007

Sergio Chejfec y Venezuela

Rafaela Baroni


Rafaela y Rogelio
"Un día abandona la casa paterna con lo puesto, deja a sus hijos, a quienes temía matar en un ataque de locura, bajo el cuidado de su madre y hermana, y encara sin destino preciso los caminos de la región. Visto retrospectivamente, la huida fue el comienzo de la solución. Luego de un viaje de varios días por las carreteras del estado, llega a Boconó atraída por el nombre de la ciudad, que considera de buen presagio, para acabar instalándose temporalmente en el cementerio."
(Sergio Chejfec, Baroni: un viaje, Alfaguara, 2007)
Debo a la conjunción de una fotografía y un libro el descubrimiento de Sergio Chejfec. La fotografía es obra de mi hijo Martín y fue escogida por el escritor argentino para la portada de su volumen de ensayos El punto vacilante (Norma, Vitral, 2005). Ese libro me deparó, entre otras cosas, la lucidez de un autor que sabe compartir sus lecturas y también una manera más fàcil de pronunciar su apellido.
El pasado mes de agosto de nuevo Martín me acercó a Chejfec. Esta vez se trató de su más reciente libro: Baroni: un viaje, una novela que es también un ensayo que es también una biografía. Acabo de concluir su lectura y estoy seguro de que no será la única. Volveré varias veces a las páginas de ese libro estupendo que todavía guarda secretos para mí. Siento que en esta ocasión no sólo fui su lector, sino también su cómplice, lo que sería una redundancia cortazariana, si el lector es bueno, pero yo pocas veces lo soy. Recorrí las espléndidas páginas de Baroni: un viaje como si hubiese acompañado a su autor en la escritura de un asombro permanente.

Con Baroni... Sergio Chejfec le ha hecho un bellísimo regalo a la literatura y a Venezuela. Por fortuna, no me siento obligado a decir por qué escribí la frase anterior. Me basta afirmar que el libro me permitió recordar a Rafaela Baroni como un personaje mágico con quien alguna vez compartí unos minutos que siempre me parecieron soñados. Me enteré hace unos ocho meses que un hermano suyo fue mi amigo treinta años atrás en Barcelona. Ahora no sé si lo supe o lo soñé o lo leí en el libro de Sergio. Cierta irrealidad parece acompañar siempre a Baroni.
Tal vez deba agregar que Chejfec revive en Baroni: un viaje al gran poeta Juan Sánchez Peláez, quien en la urna parecía una talla de Rafaela. No conozco todavía mejor homenaje al autor de Rasgos comunes. Surreales, más que surrealistas, Baroni y Juan Sánchez poseen el rasgo común del hechizo.

Para rematar, Igor Barreto -y no uno de sus gallos- canta al final de la novela.
Gracias venezolanas e infinitas a Sergio Chejfec, por su libro y por su prosa adorable.

domingo, septiembre 02, 2007

Abuelidad

02-09-07: Domingo de sol y de buen tiempo. Hoy tengo otra foto de Olivia en la pantalla. La contemplo y me dejo llevar por esta nueva sensación de ser abuelo. Era verdad –es verdad- todo lo que me habían dicho. Creo en este momento que no hay manera más intensa y bella de sentir la belleza, de saberla viva y, de alguna manera, entrañablemente tuya. Olivia me permite nacer con ella a esta experiencia intransferible, cálida y serena. Olivia es un regocijo incontable.

Olivia se parece a Olivia. En este momento todo son conjeturas. Nos dicen que tendrá los ojos claros. Nos dicen que se parece al abuelo tal o a la tía cual. Tal vez sea o será así. Lo cierto es que es bellísima y que todos queremos mimarla y protegerla. Yo hoy la bendigo una vez más.

Fresas salvajes para Bergman



Hace dos días se cumplió un mes de su muerte. Le debía este recuerdo.

sábado, septiembre 01, 2007

Guillermo Martínez, el tenis y Borges

Guillermo Martínez

Guillermo Martínez comenzó a jugar tenis a los once años. Quiso ser campeón y tuvo entrenadores que le enseñaron buenas técnicas. Jugó con regularidad durante su adolescencia, compitiendo en diversos torneos regionales. Cuando ingresó a la universidad para estudiar matemática fue alejándose de esa vocación deportiva. Hoy en día es un exitoso narrador (Crímenes imperceptibles) y un buen ensayista, como lo revelan sus libros Borges y la matemática y La fórmula de la inmortalidad. En este último está incluido un delicioso ensayo en cuyas páginas Martínez afirma que el centro del cuento (su verdadero secreto) se encuentra en una frase de la célebre y ejemplar enumeración de lo que Borges vio en el aleph.
Carlos Argentino Daneri había tramado de modo perfecto su venganza. Borges baja al sótano impelido por la curiosidad, ve el aleph y enumera algunas de las cosas que encierra el preciado objeto. Entre otras, menciona “las cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino”. El narrador no hace comentario alguno y sigue enumerando el aparente caos de sus visiones, pero el golpe ha sido letal, aunque no se manifieste. Lo sintió en silencio. Lo sentimos sus lectores. He allí el punto final del misterio, según Guillermo Martínez, quien al redondear su argumento recuerda la frase que Daneri le dijo a Borges para animarlo a bajar al sótano: “Muy en breve podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz”. Lo demás son epílogos.