lunes, septiembre 24, 2012

Padilla de Golpe



Hoy se cumplen 12 años de la muerte de Heberto Padilla. Hace dos en la UNEY le dedicamos al llamado “caso Padilla” algunas sesiones de nuestro programa de formación docente llamado El Valor de Educar. La idea fue intentar la lectura de ese triste episodio a través de la obra poética de Padilla, en particular, de Infancia de William Blake, uno de los mejores poemas salidos de su pluma, en el que se anuncia al inspector de herejías que en su contra testificará tiempo después. Aires premonitorios cruzaron también el ambiente de nuestra pequeña universidad… Pero no vamos hoy a hablar de esa lastimosa travesía, sino a recordar nuevamente a Heberto Padilla y su lugar de origen.  

Para apoyar mi intervención en las referidas sesiones, mostré varías imágenes. En una de ellas se veía la estación ferroviaria del pueblo pinareño del poeta. Al finalizar la charla, uno de los profesores, un hombre sencillo, callado y excelente fisioterapeuta, se me acercó para decirme, casi con lágrimas en los ojos, que él también había nacido en Puerta de Golpe, y que enterado ahora de Padilla, se sentía más orgulloso de su pueblo. De esa estación salió y a ella llegó muchas veces. Ella era la Puerta para entrar a Golpe o para salir de él.  

Heberto Padilla en su bello libro El justo tiempo humano, incluyó un breve poema que hoy leo pensando en su memoria, y cuya transcripción acá dedico a mi amigo Orestes: 

PUERTA DE GOLPE

 Me contaba mi madre

que aquel pueblo corría como un niño

hasta perderse;

que era como un incienso

aquel aire de huir

y estremecer los huesos hasta el llanto;

aue ella lo fue dejando,

perdido entre los trenes y los álamos,

clavado siempre

entre la luz y el viento.
HEBERTO PADILLA
(El justo tiempo humano)

sábado, septiembre 01, 2012

El sillón del Padre Barnola

El padre Barnola

En un formidable libro sobre los jesuitas en Venezuela, que hará unos cinco meses me prestó el Dr. Emilio Urbina, encontré una hoja manuscrita y anónima cuyo contenido transcribo a continuación, por ser un pequeño homenaje a un venezolano que muchos no conocieron y otros tantos ya han olvidado. Por cierto, en el breve texto que ahora copio, conté siete modos de nombrar al Diablo, incluido el apellido renacentista que cierra la página. Acá las líneas del autor desconocido:

“Cuando le notificaron su nombramiento como miembro de número de la Academia Venezolana de la Lengua, el Padre Barnola celebró doblemente. Lo hizo, desde luego, por la honrosa distinción que recibía, pero también porque iba a ocupar el sillón marcado con la letra “B”, lo que el culto jesuita interpretó como buen augurio, dada la coincidencia con la inicial de su apellido. Pero esa alegría le duró poco. Se disipó cuando tuvo conocimiento de la sombría leyenda que rodeaba desde el siglo pasado al sillón que le tocaba ocupar: el “B” estaba terriblemente endiablado.

Todos los antecesores del padre Barnola, salvo el primero, también fueron levitas. Sobre ellos pesó la responsabilidad de mantener a raya a Belcebú dentro de los predios académicos y de evitar que del temido sillón “B” manara azufre. Dije “salvo el primero”, porque, precisamente, fue su ocupante original quien generó la siniestra conseja. Hablo de Antonio Leocadio Guzmán, a quien Juan Vicente González –no sé si con razón- siempre tuvo por auténtica encarnación del Bajísimo.
La continua sucesión de prelados en la gran silla corporativa del Maligno, fue tal vez la inconfesada triaca que los académicos tramaron para mantener en el ilustrado recinto un efectivo “vade retro”, pero algún rescoldo del Demonio seguía temiéndose…

Lo cierto es que hace 60 años accedió el reverendo Padre Barnola al “asiento de Luzbel” y comenzó su discurso de incorporación haciendo a su manera un exorcismo: habló de la superstición, nombró la soga desde el sillón del ahorcado y lo hizo sin estridencia y con humor. Después se refirió, como es ritual, a su antecesor inmediato y dedicó la parte medular de su discurso al “bellismo” de don Marcelino Menéndez y Pelayo.
Durante 34 años ejerció Barnola su función académica, sin que Mefistófeles rondara por sus predios. El padre murió en 1986 y lo sucedió un escritor seglar: Mario Torreralba Lossi. Que yo sepa, el sillón “B” quedó por completo exorcizado.

Alguien escribió:
“Bastó el padre Barnola./ Nunca más Savonarola”.

martes, julio 17, 2012

Trenzagramas

 EIELSON. Nudo
 DOROTHEA LANGE. Foto

Leo a Eielson y veo sus bellos nudos. Siempre hay mucho más que un atareado nudo.

Recuerdo una foto de Dorothea y la busco. Ahí están los dos.

Como las palabras, custodian el alma con sus trenzas.

domingo, julio 15, 2012

El otro, el mismo (Carner y el orgullo catalán)



IRVING PENN

En un texto de los años veinte Carner se adelanta al Borges de Borges y yo y habla del “otro Carner", con ironía y desenfado. Condena su oficio, pero confiesa que no le es del todo extraño. Le achaca distracciones pueriles y afanes de lucimiento. Se deslinda de sus búsquedas retóricas, pero termina reconociéndose en él, al igual que Borges con “el otro Borges”, aunque sin confusión alguna. El (o Carner) sí supo quién escribió esa página.

Carner intentó convencerlo de que se dedicara al billar, pero "él" nada le respondió. Sólo fumaba. Así queda dicho en este prodigioso final:

“…Fuma y le veo cierta vaguedad en los ojos que presagia inexorablemente que quizá hoy se descolgará con una nueva cantilena. Y entonces no sé lo que le haría. Aunque de natural pacífico, capaz sería de golpearle, si no fuera porque una de sus particularidades me induce a cierta simpatía. Y es que él –que soy yo mismo-, en el fondo de toda su inconsistencia, tiene, como un diamante dentro de un saco de cosas para el trapero, una gema dura y bella, que es el orgullo de escribir en catalán”.




(Prefacio a LA INUTIL OFRENA, Barcelona, 1924)

Alegría matinal

Josep Carner

Escribo esta primera anotación del día, pero sé que no estoy en esta sala, ni en este domingo de nubes con sol. Vastas son las regiones de la memoria. Así que debo andar por tierras provenzales en el siglo XII.

 

En unos versos leídos hace tiempo, vi el vuelo de un pájaro. Hoy he vuelto a verlo. Los versos eran de Carner.

En ellos, la propia alondra me ha dicho que los poetas la llaman “alegría matinal”.
________
Escuchemos a Bernart de Ventadorn:

sábado, julio 14, 2012

Cocoteros de Carner y Reverón

REVERON. Paisaje con cocoteros


No sé cuándo estuvo Josep Carner en nuestro Macuto. Más aún: no tengo el dato exacto de que haya estado allí. Lo cierto es que escribió un poema irradiante titulado Els cocoters de Macuto, incluido en ese hermoso libro suyo vegetal (Arbres) que prologó Manent. En Cuba también hay un lugar con ese nombre, y es conocido el periplo que como diplomático y desterrado tuvo Carner en América Latina (Costa Rica primero y México después). El poema no indica con exactitud el sitio, pero sí –y mucho- que está frente al mar. Así, uno puede imaginar que fue el más célebre Macuto del Caribe (el nuestro) el lugar donde vio Carner esos cocoteros cuyas hojas serían los regios abanicos que alegraron sus futuros días bajo la niebla.  

Dijo Manent que Carner tenía a veces la matizada precisión de un Vermeer para describir escenas domésticas. Al recordar los cocoteros de Macuto, creo que algún destello de Reverón acompañó a Carner:

“…ben ruixats per la claror”.


ELS COCOTERS DE MACUTO

Vaig veure un dia a Macuto

per un present de l'atzar,

quatre cocoters en rengle

aturats davant la mar.

Eren sols davant les ones,

ben ruixats per la claror,

com columnes oblidades

o fermalls de l'horitzó.


S'expandien en llur èxtasi

com si no els veiés ningú;

espaiats, al cel somreien,

tots germans, sol cadascú.


Ran de terra, ja es torçaven,

dolçament al sol girats.

Els ventalls de trenta reines

sostenien delicats.


Però, patges, fora via,

ells van créixer amb tant deler,

que sols dees sobre un núvol

els ventalls podran haver.


Eren quatre, i en renglera

contra el blau, prodigis d'or.

Quan seré sota la boira

m'assolellaran el cor.
 
JOSEP CARNER






























lunes, julio 09, 2012

Las facturas de Martín

Nan Goldin almorzó en El Rosal

La mirada subvierte y rediseña. A veces, es sólo el azar concurrente. Otras, la imaginación cuando trasmuta (y transmite).
Son diversas cosas las cosas cuando esa mirada interviene. 
Con sistemática ironía, la conversión conceptual de los objetos se devora a sí misma.
El efecto Duchamp dura un instante, aunque ese instante sea eterno. No hay segundas ediciones. No se corrige ni se amplía. Sólo perdura el aleteo de los exégetas.
Muchísimas son las variantes, utilitarias o no, del papel escrito. La factura que un restaurante le expide al cliente, por ejemplo, puede tener un importante destino contable o servirle a un economista para ilustrar el tema de los precios en tiempos de inflación. Pero, quién quita que también le sirva a un fotógrafo para homenajear a sus creadores predilectos. Podría estar, de paso, deslizando una amable referencia a aquellos seres –muy frecuentes en el mundo del arte- que para afamar su carrera aprovechan cualquier encuentro con celebridades.
En estas cosas pensé cuando vi el interesante trabajo de Martín Castillo Morales en LA CACRI¬-Caracas. Me consta que Martín no es, precisamente, un namedropper (menos aún Olivia, que se negó a ser fotografiada al lado de María Kodama), pero, como a mí, creo que le divierte el legendario autobombo –casi siempre con base cierta- de algunos simpáticos artistas de esta tierra…
Celebro más, sí, la base cierta de la admiración, así como la mirada que sabe transmutar lo cotidiano.
Por eso mi elogio a estas facturas de Martín, que son, como diría Octavio Paz, un gesto. Nunca una gesticulación.

viernes, junio 22, 2012

Virgilio

CY TWOMBLY, de la serie VIRGIL

¿Me despertó la luz de la cocina? ¿O fue la lluvia que cayó esta madrugada? Sentí la dicha del agua compasiva y respiré el aire limpio. Abrí ventanas. Leí unas páginas con sol y con arena y en ellas aparecía Virgilio.

Hará unas dos semanas había buscado inútilmente este bello libro de Sánchez Robayna (Palmas sobre la losa fría) que ahora tengo en mis manos. Me alegran estos encuentros imprevistos.

Ya no llueve. Tampoco estoy frente al Turbio. No sólo el tiempo se transfigura.

Estoy frente a un muro donde Twombly escribió el esplendor,

una palabra que no se borra: Virgilio.

martes, junio 12, 2012

Día luminoso en Boston

Robert Lowell. Foto de Alfred Eisenstaedt

Abro a Robert Lowell porque lo tenía entre el montón de volúmenes que anoche puse sobre la mesa. Ahora no sé por qué bajé ese libro de Lowell. Tal vez porque buscaba el poema acerca de los Arnolfini. No estoy seguro.
 
Abro el volumen y me encuentro con un día luminoso:
 
Me alegra pasear sin rumbo fijo

por Boston mientras pienso en Henry Adams,

de joven, con el blanco brazalete de seda,

que, casi sin notarse, exhibió un día entero

por la liberación de los esclavos”.

Me gusta esa imagen del flâneur bostoniano que deja al azar la ruta de su ocio, el discreto paseo de la elegancia civil.




lunes, junio 11, 2012

Ferrater y pizza Dobry


1. Leo dos libros del argentino Edgardo Dobry. Alterno uno de ensayos (Orfeo en el quiosco de diarios) con otro de poemas (Pizza Margarita).

Dobry vive o ha vivido en Barcelona. Hace pocos días publicó en El País una muy buena nota sobre Lorenzo García Vega, con motivo del fallecimiento del escritor cubano. Me interesa del primer libro su inteligente acercamiento a la poesía de Gabriel Ferrater, su atenta y aguda lectura al lúcido y metapoético Poema inacabado, el rastreo del viaje medieval de Ferrater, el afilado contraste entre la teoría poética ferrateriana de la claridad y la inevitable complejidad de muchos de sus poemas.

Cabreado con los realistas sociales, pero también con cierto surrealismo español, Ferrater se va a la Edad Media con su amigo Jaime Gil y se trae formas frescas para narrarnos las experiencias de su presente hostil y “fablar en roman paladino”, con la ironía y gracia que los años de postguerra habían proscrito. Dobry nos llama la atención acerca del poema donde Ferrater se refiere a Borges y a Robert Lowell como “aristócratas” y “patricios” y se ve a sí mismo como un “plebeyo” hundido en un pozo de miedo que sólo dice “generalidades”. Para Dobry la adhesión de Ferrater a la poesía medieval era un modo decirnos “esto es vivir como en la Edad Media”. Puede ser, pero cabe también otra posibilidad para explicar esa devoción de Ferrater: la necesidad de encontrar en la edad Media ejemplos literarios menos “literarios” y lugares comunes de la vida, sin tantos rodeos intelectuales.

Total, Dobry me llevó al Poema inacabado de Gabriel Ferrater para leer de nuevo que Helena se fue con su falda de tergal y su jersey verde a rendir examen sobre Erec y Enid, el primer “roman courtois” de las letras francesas.

2. Paso al libro de poemas. Seré breve. Un 11 de junio se sirvió la primera pizza margarita. No sé si hoy (11 de junio también) me coma una. Lo cierto es que celebro tal fasto culinario, leyendo el poema donde Edgardo Dobry nos recuerda su eponimia:

Pizza Margarita

Ce qui est ferme est par le temps destruit,
et ce qui fuit, au temps fait resistance
Joachim du Bellay

El once de junio de mil ochocientos ochenta y ocho
Margarita de Saboya, primera reina de la Italia unificada,
llegó a Nápoles en visita solemne. Rafaele Espósito,
cocinero del palacio real de Capodimonte,
creó en su homenaje una pizza
con los colores de la flamante bandera:
blanco (la muzzarela), rojo (los tomates)
y verde (la albahaca). Hoy nadie
al Espósito maestro, pero miles
de pizzas Margarita se devoran cada día.
Dichosa reina de una nación
recién unida en Estado:
no inmortalizada en duro bronce
sino en crujiente engrudo.
Tu recuerdo no es cosa de eruditos:
millones de hambrientos te invocan cada día.
Y mientras se arruinan los palacios
y nadie molesta el sueño de los versos
vive tu nombre en la perpetua deglución.

EDGARDO DOBRY

domingo, junio 03, 2012

Machado de Assis

El bibliómano camina por el centro de Río de Janeiro. Es un hombre flaco que no ama otra cosa fuera de los libros.
Machado de Assis camina sin rumbo fijo y todas las calles lo conducen a una librería.

martes, mayo 29, 2012

Sonora prenda por Alonso hallada

Granada. Generalife

El toledano acaba de conocer por su amigo Juan una insuperable maravilla e imagina el gusto que ella habrá de depararle. Así, comienza a ensayarla con pie firme. Se le pone -con razón- que muy pronto será suya, y agradece a Dios que al embajador de la Serenísima se le haya ocurrido confiarle a Juan este prodigio.

Es el año 1526 y en la corte carolina de Granada están sonando ya endecasílabos.

Cuando Dámaso Alonso se refiere al hecho anterior en un bellísimo ensayo sobre Garcilaso, se emociona, y al describir el instrumento que, vía Navagero, había llegado de Italia a oídos de Boscán, desliza en su prosa una frase que tomo para mí como la mejor definición de dicho metro. Esa frase es, por cierto, un redondo endecasílabo:

Dulce violín de musical madera.

Provoca asaltar a Garcilaso y responder:

Sonora prenda por Alonso hallada.








domingo, mayo 20, 2012

Borges y el regalo interminable


Jorge Larco. Oleo


“…ahora es ilimitada, incesante, capaz de cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno”
(Borges, The unending gift)

Siempre está ahí.
A veces es sólo su blancura en la pared, la extensa lejanía de su música.
Ha sido acuarela en las mañanas de lluvia, óleo vespertino en el verano.
Un día fue oro de los tigres y lo vi moverse, en Sumatra o en Palermo.
Siempre está ahí, interminable.
No sé si es una versión de mi libro de arena
o un simple regalo que Jorge Larco no ha terminado de pintar.

viernes, mayo 18, 2012

Juan Rulfo y el caballo


Fotógrafo: JUAN RULFO. ¿Están acá el caballo del texto citado y el motivo de su pánico?


El 15 de mayo del 2017 recordaremos a Carlos Fuentes. Habrán transcurrido cinco años de la despedida que le hacemos desde el martes pasado, pero el gran momento de la memoria mexicana será al día siguiente: el centenario de Juan Rulfo.

Rulfo es el iniciador de un nuevo tipo de novela en español. Su Pedro Páramo, alucinante lección de estilo, es también el libro de la geografía desolada que América lleva en el alma. A todos, de algún modo, nos cambió Pedro Páramo. Ningún lector fue el mismo después de que Juan Rulfo le recordó sus mitos.

Ahora abro su pequeña y grande obra maestra y extraigo este prodigio equino:

Un caballo pasó al galope donde se cruza la calle real con el camino de Contla. Nadie lo vio. Sin embargo, una mujer que esperaba en las afueras del pueblo contó que había visto el caballo corriendo con las piernas dobladas como si se fuera a ir de bruces. Reconoció el alazán de Miguel Páramo. Y hasta pensó: `ese animal se va a romper la cabeza`. Luego vio cuando enderezaba el cuerpo y, sin aflojar la carrera, caminaba con el pescuezo echado hacia atrás como si viniera asustado por algo… dejado allá…”

"Hay un México de luz en Rulfo", dijo Carlos Fuentes al ver algunas fotos del autor de El llano en llamas. Veamos la de arriba donde podría estar el caballo del texto transcrito, así como el motivo de su pánico.

miércoles, mayo 16, 2012

Paredes


El poeta Gamoneda mira las paredes de su casa y se entristece. Toma la pluma y escribe un blue que me gusta, pero, aún así, prefiero las paredes de Hernández, pintadas, no vacías.

Las paredes…

(Veo una foto con paredes llenas de luz. Es la casa madrileña de Vicente Aleixandre, en la mítica calle que ahora lleva su nombre):






martes, mayo 15, 2012

Carlos Fuentes visto por Martín en Madrid




CARLOS FUENTES en Madrid. Junio 1999. Foto: MARTIN CASTILLO MORALES

Creo recordar que cuando Martín le mostró a Carlos Fuentes la foto que le hizo hace 13 años en Madrid, el gran novelista le dijo algo así como "Me pusiste más viejo". Martín lo recordará mejor. Yo sólo soy un testigo referencial, que guarda orgulloso el retrato que su hijo le hizo al gran escritor, padre a su vez de un fotógrafo que se fue de este mundo siendo muy joven. La foto la colgué en mi facebook el pasado 11-11-11, día en que Fuentes cumplió 83 años. La precedió este breve texto:
“Hoy, 11-11-11, CARLOS FUENTES está de cumpleaños. En este retrato que Martín le hizo en el año 99 le adelantó los 83 años que ahora cumple.

Releo la novela Cumpleaños, que tanto me gustó en el 70 y que forma con Aura, un díptico maravilloso y terrible. En voz alta me repito algunas de sus páginas borgeanas y paladeo las muchas vidas del cumpleañero de la novela, para imaginarme de nuevo “teólogo en fuga... labriego numeroso en tierras de Poitiers y falconero de un duque español en mi siguiente resurrección…”.

Busco subrayados y encuentro líneas sobre la memoria. Me acuerdo entonces que la dedicatoria de este libro me encantaba y a ella voy para recitármela de nuevo, como si cada sílaba fuese una gota: `A Shirley MacLaine, recuerdo de la lluvia en Sheridan Square`”.



Carlos Fuentes y las buenas conciencias



La casa de Las Buenas Conciencias, en Guanajuato

Lo leí mucho y con enorme gusto en una época. Siempre lo admiré. Lo admiro. Cuando hace un par de años visité por vez primera Guanajuato, fui a ver la casa de Jaime Ceballos, el personaje de su novela Las buenas conciencias. Ninguna placa identificaba en ella la presencia de Carlos Fuentes. Compré un libro en la pequeña librería de viejo de la esquina y hablé del novelista con la dueña. Al despedirme le dije: "Ojalá que en mi próxima ...visita el nombre de Carlos Fuentes comparta ya su luz con el resplandor de estas paredes". Nos despedimos recordando algunas páginas de su bella novela galdosiana.

Leo ahora el comienzo del capítulo 1 y miro una foto que le hice a la casa:

"Esta es la gran casa de cantera, habitada hasta el día de hoy por la familia. La historia de Guanajuato ha patinado sus muros de piedra rosa. Las vidas de los Ceballos, sus alcobas y corredores. La gran casa de cantera, situada entre la bajada del Jardín Morelos y el Callejón de San Roque, frente al templo del mismo nombre y a unos metros de la hermosa plazuela a la que dan fama, año con año, las representaciones, en un escenario casi natural de faroles, árboles, rejas, muros ocres y cruces de piedra, de los entremeses de Cervantes".

Cierro el libro y agradezco a Carlos Fuentes tantas emociones, tantas páginas entrañables. El ahora descansa en paz, pero aquí esta su prodigiosa luz mexicana.

domingo, abril 22, 2012

Un ovillejo para G. Caín

PARA G. CAIN, POR SU CUMPLEAÑOS

¿Quién se fue de espacio yermo?
Guillermo
Con toda su gracia habanera
Cabrera
y su verbal juego radiante
Infante

En su novela hilarante
de tres tigres en La Habana
ruge en primera plana
Guillermo Cabrera Infante.

domingo, abril 08, 2012

Una historia mahleriana para el Domingo de Resurrección




Theodor Reik

Pasaba sus vacaciones navideñas en la alta montaña, a tres horas en tren de Viena. Allí descansaba del hastío de su práctica profesional y disfrutaba de aire limpio. Al final de la tarde del 25 de diciembre de 1925 recibió por teléfono la noticia de la muerte de su amigo y colega Karl Abraham. También recibió un encargo, de parte de Freud: pronunciar el discurso en memoria del fallecido, en una reunión especial de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, que se realizaría el siguiente seis de enero. En la visita que le hizo en el verano le había visto un aspecto tan radiante que creyó a su amigo recuperado por completo de la enfermedad que desde hace algunos meses padecía. Por eso la noticia lo encontró inerme.

La dureza del impacto le duró sólo unos minutos. Después se ensimismó. Intentó recordar los últimos encuentros con el Dr. Abraham, así como el timbre de su voz. Quiso estimar también la importancia de su pérdida para el movimiento psicoanalítico, pero nada, ni una imagen de lo primero, ni una idea de lo segundo, cobraron forma en su mente entumecida.

Salió del hotel al comienzo de la noche y caminó por el bosque de abetos que da a la cumbre. Era su ruta habitual, pero esta vez la percibió extraña, desconocida. Una atmósfera sombría lo cubría todo. Los árboles habían aumentado su tamaño y casi llegaban al cielo. En su ánimo cundía un espectral silencio. Pensó en el encargo y volvió en sí. Debía ponerse a trabajar en el discurso y le dio vueltas a varios modos de afrontar el importante compromiso. En eso estaba, cuando de pronto se sorprendió a sí mismo tarareando una melodía irreconocible. ¿De dónde la había sacado?, se preguntó. Volvió a tararearla y encontró en un chispazo la respuesta: eran los primeros compases del coro, en el último movimiento de la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler. Lo que siguió fue la pequeña y rica historia de una obsesión.

Borges nos ha dicho que sólo una cosa no hay: es el olvido. Creo que lo vivido por nuestro personaje esos días es una de las pruebas de la platónica afirmación del argentino. En vano, Reik quiso olvidar la melodía. Urdió tretas para lograrlo, pero todas fueron inútiles. Empecinada, ella estaba ahí: cuando se levantaba de la cama, cuando se dormía… Con interrupciones que pocas veces superaron una hora, la pertinaz melodía lo invadió sin piedad hasta el momento en que escribió la última frase de su discurso. Ocurrió la tarde del 1 de enero.

Theodor Reik -así se llama nuestro personaje- investigó, analizó y comunicó esa experiencia. Lo hizo en un libro estupendo, lleno de rutas para salir del laberinto. Un libro que interesa por igual, por razones distintas (y en algunos casos, semejantes) a los estudiosos de la asociación de ideas y a los músicos y melómanos  mahlerianos, especialmente. También, a los curiosos y desocupados lectores, entre los que me incluyo.

En ese libro (Variaciones psicoanalíticas sobre un tema de Mahler, Taurus, Madrid, 1975) encontramos pistas que tal vez nos ayudan para la comprensión de algún azar concurrente, pero que sobre todo nos deleitan, mientras nos enteramos de por qué aquella melodía apareció de pronto y fue para el autor una presencia alucinante durante siete días. Lo releo ahora, mientras escucho el coro del último movimiento de la Resurrección de Mahler, que es también la del poeta Klopstock en estos versos:


Te elevarás, oh polvo mío, tras breve reposo.
Dará Él vida inmortal a aquél que le ha invocado

sábado, marzo 17, 2012

María y Paz

Octavio Paz, María Zambrano y Rafael Sardina. México, 1939

Una frase de María Zambrano sobre Artaud: “Hambre de comprensión amorosa padeció Antonin Artaud”. ¿Cómo no recordar esta otra de Octavio Paz: “Hambre de encarnación padece el tiempo”? Ayer, por cierto, vi una foto donde están María Zambrano y Octavio Paz. Los acompaña Rafael Sardina, a quien por el apellido presumo cubano. La foto fue tomada en México el año 1939. Paz sostiene un cigarrillo en su mano derecha y nos mira. María Zambrano lo mira a él. Sardina sonríe y una sombra en la pared, entre el mexicano y la malagueña, duplica la paz de ese momento.